miércoles 28 de octubre de 2009

Homo comunicatus II

En la primera clase del tema que tuve en mi vida me aprendí el axioma fundamental: la comunicación requiere de 3 elementos: emisor, receptor y mensaje.

A mí me pareció la cosa mas obvia del mundo y llegué a creer que el resto del semestre me la pasaría de lo más aburrido oyendo cosas de ese tipo que no sorprendían ni a un mono come bananas; así que me entretuve lanzándole papelitos, en sustitución  del jalón de trenza, a una niña de ojos bonitos el resto del semestre con la que luego tuve buen sexo y, naturalmente, serios problemas de comunicación. Ella decía cosas como: no hay problema, no me pasa nada, estamos bien; yo, en la inocencia de la adolescencia, comprendía que había un mensaje oculto en aquellas palabras, pero fui incapaz de descifrarlo. Nuestro amor se desvaneció en 1 ó 2 meses a causa de múltiples incomprensiones y, paradójicamente, pasé con 9 la materia.

Hoy en día, tengo amigos (el plural siempre evita que parezca ataque personalísimo) que tienen 3 celulares y no contestan ninguno. Si les mandas un mensaje (de texto, se entiende) tratando de acelerar el proceso con algo concreto como: ¿Nos vemos hoy a las 8 en tal sitio? La respuesta es… … … … O sea no hay. Eso generalmente suele significar: no, no puedo, tengo hueva, otro día. La lógica es simple: si es no, ¿pa’ que te contesto?

Hoy sucedió más o menos lo mismo. Mandé un mensaje, no me pelaron o mejor dicho, hubo la tácita respuesta que yo debía de suponer, así que me quedé a disfrutar un maravilloso día conmigo mismo en mi casa, o sea, rascándome las pelotas a placer. A las 8.25 me llegó uno que traslucía harto encabronamiento: Dónde estás cabrón, llevo media hora esperando. Estuve a punto de aplicar la misma y enviar mi silente respuesta que el otro debía adivinar como: estoy en mi casa en pleno rascamiento de pelotas, nos vemos otro día. Pero, gentil como soy, que le llamo para decirle que yo había entendido que no, etc. El otro, más emputado, casi me gritó: pos si nos vamos a ver entonces, ¿pa’ que te contesto? ¡Ah, no, pos sí, a huevo! ¡Cómo no se me había ocurrido!

Total que, del placentero rascamiento de pelotas, pasé a la reflexión (soy de esos que no pueden hacer 2 cosas a la vez).

Tengo un celular que en realidad es mi agenda y mi reloj con 300 números de los cuales uso 3 ó 4 con irregularidad; los otros 296 son de gente que te vas encontrando en la calle con la clásica conversación de: Qué milagro, Qué has hecho, A quién has visto, Dame tu número, Nos hablamos. Patrañas. Últimamente ya nomás hago la finta de que anoto el número, digo, ya pa’ qué nos hacemos pendejos ¿no?

Cada mañana, casi religiosamente, enciendo mi compu y entro a messenger, pa’ ver quién está. Más patrañas. Hablo con 2 personas, los otros 87 se dividen en los siguientes grupos: los que me dan hueva, los que les doy hueva, los amigos del amigo del amigo que no es mi amigo, los que hace tanto que ya no sé ni quienes puta madre son y un minúsculo grupo de amigos de a de veras con los que no hablo por ahí porque los puedo ver en un café. Ah, pero, paradojas de la vida, como ya nos encontramos todos los días online, pos ya pa’ qué nos echamos el café ¿no? Ora ya hasta decimos: te veo en messenger.

Corrección: No nos vemos. Vemos nuestros nombres o nuestros pendejos seudónimos como “lunita 37”, “estrella marinera” o “un loro que blasfema en latín”. Y nuestra conversación se ha reducido a “pepito te ha enviado un zumbido” o en el mejor de los caso algo como: k pd w n mms k pt hv. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡?????????????

Esta mañana, me pasé una hora tratando de contestar un mensaje en facebook (que, si no lo ha notado, se traduce literal y absurdamente, como libro de caras). Mientras me perdía en miles de madres que decían cosas como: pepito cogió con pepita, pepita cogió con juanita, juanito cogió con pepito y pepito se hizo gay, me saludaron 2 ó 3, que también tengo en messenger y en donde nunca hablamos, y cuya conversación resultó imposible. A tanto, mientras me preocuba  más y más por la actual tendencia sexual de pepito, decidí mandar como pude un mensaje multitudinario y mandar la cosa esa a la chingada hasta el próximo año que tenga que responder más mensajes de felicitación y donde volverá a ser de alguna utilidad. En la fotos de pepito se veía a las claras que sí, pepito era putísimo desedendenantes, pero eso sí, muy feliz, como el resto de los que ahí habitan y yo, que no soy feliz ni quiero serlo, no tengo una cara sonriente que mostrar en aquel libro cuyo nombre mejor sería happyidiotfacebook.

Cheñoras y cheñores, niñosh y niñash, caramelos y bolitas, ¡Extra, extra, en pleno siglo XXI tenemos un problema de sobrecomunicación! No hay forma de no hacerlo y, sin embargo, no nos comunicamos con nadie. Un zumbido es una versión muy chafa de mensaje, una happyidiotface no sé si tenga otro además del evidente y tener 18 celulares y 98 cuentas de correo no sirve para un carajo si no hay esa obviedad de: emisor, receptor y mensaje. Y sería más lindo, más funcional digamos, que además la cosa fuera bidireccional, pero parece que eso es mucho pedir. No hay mucho qué pensarle, le juro que tengo razón.

En otra clase, esa de filosofía, se discutía el asunto de: ¿el ruido existe si no hay nadie que lo oiga? Y yo digo: ¿Habrá comunicación si en el juego del emisor-receptor no se invierten por fuerza los papeles e intentamos que el mensaje, cualquiera que este sea, llegue a su destino y, en el mejor de los casos, se comprenda y reciba una respuesta?

Los profetas de la comunicación no nos avisaron que en este caso y, en contra o a favor de Maquiavelo, el problema no es el medio sino el fin.

martes 27 de octubre de 2009

31, oiga usted

Por una amiga me acabo de enterar que hoy cumplo 31 –años, meses, días, horas- qué importa.

De todas maneras, son pocos para hacer literatura, suficientes para coleccionar desilusiones, bastantes para enamorar rapaces doncellas menores a 29 y, sin embargo, sucede, así de pronto. Sin clasificar el aviso, sin edicto en primera plana.

Me acabo de enterar que los niños me dicen señor, las quinceañeras  me piensan medio raboverde, las veinteañeras interesante y las treintañeras como prospecto de no sé qué diablos.

Acabo de saber que ya no tengo la vida por delante porque la he alcanzado definitivamente, que ya me empieza uno que otro achaque y que las canas van a empezar a surgir de modo irremediable.

Como sea, me empiezan a aburrir las pláticas insustanciales, es decir que estoy en el borde de cruzar la línea de ser del clan de los amargados y de empezar a escuchar algo como guru, guru, guru, guru en lugar de una conversación con sujeto, verbo y predicado; empiezo a preferir la buena conversación al sexo sin nombre de la participante y el ruido, como siempre, me sigue cagando grandiosamente.

Me sigue gustando el cine sin interrupciones, el whisky en las rocas y leer hasta las cuatro de la madrugada. Me como lentamente lo que puedo, me bebo más de lo necesario y me juego a medias hasta lo irremediable.

A la mitad del camino de nuestra vida dijo Dante y yo, a la mitad de la puta madre, sigo esperando que Virgilio me dé un tour por alguno de lo círculos del infierno, aunque a veces tengo breves bosquejos de lo nunca imaginado.

Me han querido a medias y he querido a cuartos. Mi colección de deudas crece y comienzo a comprender en vivo lo que es una crisis económica (de las crisis de las otras es mejor si no les hablo).

No soy feliz aunque no tengo razones para no serlo. Sigo sin desear con demasiado deseo, sigo sin comer aprisa, sigo sin querer sin miedo.

Repito de memoria versos que me han plagiado antes de que se me ocurrieran, Quevedo, Serrat, Hernández y Machado; a duras penas logro una prosa trompicada y un verso de vez en cuando.

Sigo sin saber lo que quiero, aunque saber lo que no quiero ya me parece ganancia. Sigo fumando hasta tarde y disfrutando como nada el primer cigarro de la mañana.

De ser puro talento pasé, sin darme cuenta, a conceptos, a frases, a instituciones, a puro saber acartonado y, de entre tanto decir lo que pienso, lo que digo dejé de pensarlo.

Mis amigos han aprendido a decir, qué bien, por no atreverse a decir qué diablos, y en el colmo del absurdo, escribo notas y hago fiestas de cumpleaños.

miércoles 7 de octubre de 2009

En el asiento de atrás de un coche

Si usted conduce es el protagonista de esta historia, si es el copiloto, también.

¿Nunca se ha dado usted cuenta de lo neurótico, divertido, maniático, eufórico, depresivo, carente de autoestima o presunto dueño de una situación que, reconozcámoslo, aquí entre nos, nunca domina cuando va al volante?

De pronto, como por arte de magia, se activan sus antenas detecta pendejos. Por un misterio, imposible de dilucidar en esta nota (puesto que merece un ensayo profundo que se llame “el laberinto de la pendejez”, “posdata” y “vuelta al laberinto de la pendejez”), delante de usted siempre va el más imbécil de los imbéciles, la mujer más tarada de la historia, el tope más gigantesco nunca antes visto (recordará a sus interlocutores que sólo en México existen esas madres, porque ah, si viviéramos en Berlín no habría necesidad, etc.), el semáforo más innecesario del mundo, el bache más profundo del infierno, el crucero menos inteligente del planeta, el microbusero más gandúl y sí, el perro más perro de todo el departamento de tránsito.

La situación puede variar de acuerdo a la hora, el lugar, la circunstancia. Pongamos por ejemplo las 14 horas de un jueves cualquiera.

Por motivos del todo incomprensibles, resulta usted victimado por un tráfico espeluznante, por la salida desbocada de rapaces colegiales y sus dulces mamitas que han decidido instalarse en doble fila esperando al dulce angelito sudoroso, mugriento y sofocado que tiene a bien derramar sus canicas y ponerse a recogerlas de una en una mientras usted, sensato, paciente, comprensivo conductor, espera, espera, espera.

Podrían también ser las 2 de la mañana de un sábado y usted traer sus copitas de más y no importaría de todos modos. Delante de usted pasaría, en su coche recién comprado, el adolescente más irresponsable de la historia que pretende estrellarse en el siguiente semáforo y usted, prudente como es, da a su acompañante la crítica sobre esta juventud insensata que se lanza a la perdición.

Reconozcamos que usted es un conductor con mala suerte, qué remedio. El mundo lo odia y usted, en recíproca armonía, odia a todo el mundo.

Pero mientras vaya solo, seguirá siendo el dueño, único e indivisible, de ese hermoso bello momento de estar al volante en su pequeño carruaje de gloria. Pero…

¿Qué hace cuando junto a usted, como su mejor compañía, como su soporte, como alguien que lo comprende como nadie, va su linda, bella, dulce, novia, esposa, amante, movida, quelite y/o todas las anteriores?

Qué hace usted cuando con dulzura le dicen: Mi amor, mi vida, mi cielo, ¿¿¿¿¿por qué carajo no te fijas cada que pasas un tope?????? ¿No crees que vas muy rápido? ¡Cuidado, casi le das! ¡No, tú fuiste el que se atravesó! ¡Siempre haces lo mismo! ¿Qué nunca te puedes fijar? ¡Ay, Manejas horrible, un día nos vas a matar!

Lo sé, lo sé. Con esa incomprensión destruyen su pequeño reino y le aumentan una neurosis más a su difícil labor de conductor resignado.

Es esa la prueba 576576-67677/768 de que usted lleva el volante honorariamente, pero alguien más es el (la) que dirige no sólo el coche, sino también su paupérrimo destino.

Pero no se sienta solo. Lo he vivido también, aunque yo en el asiento de atrás de su coche. Y, créalo, suele ser harto interesante y genera varias teorías sobre las relaciones de pareja, la comunicación, los métodos de control y otras minucias que contaré otro día con un poco más de calma.

martes 6 de octubre de 2009

Transparencia Ocre (de la serie de pinturas de la obra Destinos)

Transparencia Ocre

perdido en el cristal de tu voz de dátil,

canto de arena,

apacienta los carros del faraón,

e inunda con mirra el ocre,

canta el cantar de Salomón

del pintar de los pintares

piel color arena, mar de dunas,

dame de beber del oasis de tu boca.

Espiral (De la serie de pinturas Destinos)

Succionado por remolinos de cicatrices que no sangran

Llueven lágrimas que en la tribuna recogen el júbilo de los mancos,

Sueños clandestinos de camas que se van enfriando,

Muertos desesperados que buscan pasaporte en Shangri-la



La miseria invade mis trincheras, desdibuja mi destino,

El terror se apodera del espejo, reflejo del porvenir,

Muñecas de papel que se ahogan en la asfixia de vivir,

Y por fin, dejarse llevar por la corriente del remolino



Desde el profundo abismo alcanzo al cielo despejado,

No más búsquedas de tesoros, ni caravanas de especies y mirra,

Despierto en el acertijo del agua que fluye a través del tiempo

La mirada se conforta con la complicidad de su milagro.

El Vuelo (de la serie de las pinturas de la obra Destinos)


El etéreo de tus pasos baila al vuelo del exilio

Entre el sol y el camino, vals de segundo, música de viento,

Pinceladas de sol, tristeza espectadora sin permiso

en palcos de rojo

Golondrina ligera, la esperanza emigra de tus ojos

Ningún lugar poseo y marcho a ninguna tierra prometida

La vida es la carretera y una golondrina en el cielo,

Poseo la sombra cuando sobra el sol y vendo la aventura de todos los días,

Pero por encima de todo, tengo en la alas las cicatrices del buen viento.

domingo 20 de septiembre de 2009

Media noche

Son las 3 de la mañana y las opciones son escasas. La primera es dormir, pero si pudiera hacerlo no habría cabida para las otras ennumerables, que no innumerables.

2. Seguir viendo por enésima vez el maldito comercial de fataché que me convence de mi creciente obesidad y de la urgente necesidad de detenerla, a cualquier costo.

3. Mirar por las siguientes 3 horas el techo y descubrir que le hace falta una mano de pintura y que en realidad no hago otra cosa que pensar en ti y luego escribir una canción para descubrir que el cabronsísimo de Serrat me la  plagió antes de que se me ocurriera seguramente porque me lleva harta ventaja en eso del insomnio, pero cuando lo alcance, ah, cuando lo alcance, entonces sabrá el infeliz de lo que soy capaz con suficientes horas sin dormir y entonces yo descubriré, como el perfecto estúpido que soy, que lo que he ganado en insomnio no lo ganaré jamás de los jamaces en talento y el bendito infame me seguirá ganando de todos modos la partida.

4. Hacerle el amor a mi mujer como un palurdo obseso, con esa intensidad nunca antes vista y mucho menos lograda en los años precedentes, oírla decir que nunca nadie, que así así, que como yo ninguno, que si así seré siempre no importa que la despierte de su más profundo sueño aunque tenga que levantarse mañana a las 6 en punto, que bien vale el desvelo, hasta descubrir que mi mujer nunca ha sido mía de veras, que estamos solos fataché y yo, que hacer el amor como un palurdo obseso no es más que una méndiga chaqueta.

5. Marcar un número “al azar” y preguntarle a quien conteste si el fataché funciona o contarle que al techo le hace falta una mano de pintura sin develar de ningún modo mis ansias de palurdo obseso ni mucho menos el asunto del no hago otra cosa que pensar en ti.

6. Hacerle caso al publicista de la Gandhi y aceptar que amar es sufrir pero leer es gozar aunque sea evidente que sufre del mismo mal que las mujeres que creen que un orgasmo es lo mismo que una barra de chocolate Carlos V. Pero olvidemos la dialéctica y gocemos pues con Beatriz Helena Viterbo cuyo eufemismo muestra más de lo que esconde o, en una vuelta de tuerca sobre el goce literario, contagiemos a otros tantos insomnes de este bendito placer que es posar la pluma afilada sobre un trozo de papel (o los dedos en las teclas, que suele ser harto más sugerente y hace evidentes varias pulsiones frustradas) y hacerlos partícipes de la duda de lo que uno es capaz de hacer a las 3 de la mañana en que las musas han pasao de mí porque se han ido con quién sabe quién carajo, pero que en definitiva no es conmigo con quien se han quedado.

sábado 1 de agosto de 2009

Homo comunicatus


El primer celular en mi vida era un ladrillo de proporciones descomunales que tuve a bien colgarme en la cintura, no sé con qué intención. “El que llama paga”, anunciaba el slogan de la compañía telefónica y la canción de los tigres del norte de “con mi celular en la mano parezco empresario” empezó a perder vigencia cuando 8 de cada 10 individuos traían uno en la mano, en la bolsa o en el trasero.
Por la misma época comenzó el boom del mail y el Messenger y hasta internacional se volvió uno. Acúsome de vivir, desde aquella época pegado a una pantalla hablando con gente que, de otra manera, seguramente me hubiera interesado bastante poco. Amigos de la escuela, que no eran mis amigos, ahora resultaban interesadísimos en mis idas y venidas; yo, a lo más, sólo en sus idas. Hasta recuperé uno que otro amor perdido con el cuento de “te encontré “por casualidad””. De la noche a la mañana cualquier hombre, mujer o bestia podría estar en contacto con mi ilustre persona y yo con ellos.
Los mundos virtuales ahora son cosa de todos los días, 24 horas, disponibles para mí, están millones de cibernautas deseosos de comunicarse. Un Nick anuncia pomposamente las tragedias ajenas y las propias, por medio de chismógrafos virtuales sabe uno quien se casa, quien se divorcia, quien es amigo de quién y quién enemigo, con mensajes microscópicos, y sin vocales, uno puede saber los deseos más ocultos de los otros y los otros de los míos, bastan 2 palabras, sin vocales, para anunciarle al mundo lo que la mañana de un sábado cualquiera nos depara y la foto del día nos muestra sonrientes frente al siglo XXI.
Sí, sí, todo eso está muy bien, estamos en el num plus ultra de la comunicación, pero no entiendo por qué, ella no entiende por qué él no entiende por qué; no entiendo por qué esa chica de enfrente llora y nadie va a consolarla y nadie sabe lo que le pasa ni por qué siguen llegando al psicólogo bastantes con síndrome de un no sé qué que qué sé yo y nadie trae en el bolsillo lo que andaba buscando.
De todos modos, yo sigo buscando a alguien, desde hace media hora, para tomarme un café y contarle, con más de 2 palabras sin vocales, y por más de 3 minutos, que la vida va, simplemente va y las filias y las fobias que contiene y, si no fuera mucho pedir, nos interesáramos uno en el otro mutuamente mientras dura la taza de café al menos.
Sí, el que llama paga; vos podés poner la propina si te place.

jueves 30 de julio de 2009

Cuestión de estética


Hace 15 días estuve en una acalorada discusión sobre las virtudes del arte renacentista y los aportes al arte contemporáneo. Hasta grito enconado hubo de por medio cuando alguien se atrevió a dudar de la grandeza de Donatello. Poco faltó para batirse en duelo por cosa de apreciación estética. Yo, que soy un hedonista al natural opino que, sencillamente, si no le gusta no se lo coma; no hay necesidad de llegar al encono profundo.
Pero si eso pasa entre las reuniones de mucha pompa y mucho jojojó, de mucho ensalzar y mucho decir, qué pasará entre los pobres mortales cuando se acusa de nuestra falta de apreciación estética. Aquí, un ejemplo.
Estaba sentado en un parque, mirando comer a las palomas, pretexto que sirve muy bien para justificar mi vouyerismo contra los bípedos que transitan por las calles. Hasta que una enconada discusión dirigió todos mis sentidos hacia los improperios que venían en lontananza. Un dedo en alto acusaba entre sollozos que eso no se le hacía a nadie, que era la primera y la última vez que iba a ese miserable changarro piojoso, que qué había hecho para merecer aquello.
De lejos se podía ver a una enorme y llorosa mujer con mano alzada gritando iracunda. La otra con ojos abiertos como platos no decía nada, ni parpadear podía. Hazme algo, hazme algo, decía la mujer que se paraba y se volvía a sentar para pararse de nuevo. Esto no se le hace a nadie, hazme algo o llamaré a la polecia. Sobre el pelo tenía algo que, así, a la distancia parecía como una enorme servilleta en forma de moño en medio de la cabeza. Qué es esto, Dios mío, qué es esto, qué me has hecho, grandísima estúpida. Y entre gritos y encono profundo volvía a sollozar, impasible.
La enojada mujer era, sin más adjetivos, (muy) fea. Su enorme humanidad, se coronaba con un cabello rojo encendido y aquel moño espantoso sobre la cabeza. El llanto le había hecho escurrir el rímel de los ojos y los mocos se le embarraban una y otra vez en la cara cada que intentaba limpiarse con las manos. De la estilista culpa no era aquella enorme humanidad, eso seguro. Por lo demás, tal vez sí el ridículo moño y el rojo encendido. No vi como entró, vi como salió y, francamente, no creo que hubiera mucha diferencia. Salió de prisa, doblándosele los talones a cada paso a causa de la prisa, la ira y, quizás, la poca experiencia en el uso de tacones altos. Con la amenaza de denuncia siguió gritando a lo largo de la calle, entre trompicones, siempre con la mano levantada que sólo bajaba para mantener de vez en vez el equilibrio.
La imaginé ante el ministerio público entre sollozos. Mire que me han hecho señor juez, mire usté, le parece justo. Afusilen a esa infame mujer que me ha hecho semejante atropello. Señora, esto no procede. Pero cómo no va proceder hijo de puta, ¡pero qué no comprende lo que me han hecho! A mí, a mí, qué he hecho yo para merecerlo, qué pecado he cometido. El señor autoridad, tratando de mantener la compostura (y aguantando la risa en lo posible), la calmará, le dirá que el pelo crece, A ver sargento, ayude a la señora a quitarse el moño de la cabeza, así está mejor, ya, ya, no pasa nada, a vel a vel, quen quele a la goldita, on ta golda, aquí ta golda. Palmada en el lomo y a su casita a hacer la comida con una bolsa del palacio de hierro en la cabeza para disimular y ser, sí, totalmente palacio.
Si Chava Flores hubiera visto semejante embrollo hubiera escrito algo como esto:
“Oiga asté, que quiero ser como Britney
Oiga asté, como Paca me dejó.
¿Como Paca, cuál Paca, oiga asté?
Pues Paquita. ¿Cuál Paquita?
Pues Paquita la del barrio, no hay que ser.
Click, click, click, el pelito me cortó
Click, click, click, señorita se pasó.”

miércoles 15 de julio de 2009

Llamadas anónimas


La tercera llamada llegó a las 2 am, justo en el momento en que un jaguar estaba a punto de cenarse a un gamo asustado. Si no cierras la boca te mueres, dijo la misma voz de las 2 veces anteriores. Eso va a pasar tarde o temprano, le contesté con toda la dulzura que se puede tener cuando lo despiertan a uno de improviso, así que te agradecería que lo hicieras de prisa, si no el cáncer o el sida o una caída accidental desde un edificio de 20 pisos van a hacerlo antes que tú. Luego colgué y traté de seguir en lo mío, pero ya no pude saber el fin del gamo asustado. Sospecho que fue una cena suculenta.
A la mañana siguiente, desperté sin tener claro si la llamada había sucedido en verdad o había sido producto de mi intoxicada cabeza. Miré el registro de llamadas. Había una justo a las 2 de un teléfono desconocido. O sea que el numerito era de a de veras. Momento de reflexión.
¿Por qué mantener la boca abierta podría matarme? ¿La epiglotis se mantiene abierta y al tragar saliva dormido…? ¿Tanta es la contaminación que…? ¿Un mosco se puede meter a explorar en mi garganta y…? ¿La nube de humo de mi cuarto entrará de golpe, toseré y…? Dios Santo, cuánta fragilidad tiene la naturaleza humana. Y cuántas buenas personas hay en el mundo que son capaces de despertarse a la mitad de la noche de tanta preocupación que les da mi bienestar. Después de esa benigna advertencia dormiré más tranquilo…
¿O será porque salí en televisión el otro día y en cadena nacional denuncié los atropellos del sistema político de este país? No. No creo. Eso ya no pasa desde tiempos de la revolufia, gracias a dios.

viernes 3 de julio de 2009

para barrer las hojas de la margarita

Y que hay amigos tuyos que te quieren como vos quieres a la argentina que no te quiere como quisieras querer vos, que en cualquier café decimos estupideces para poder decir que vos nos dijiste estúpido, si has cambiado la guitarra por la pluma es porque es más poderosa que tu espalda, te haces tanto con esos dientes afilados, que hay días que quisiera escribir como vos hablas, lastima que la inspiración es una señora que todas las noches duerme con otro y, al parecer, ni es argentina, ni le gusta la guitarra, ni le convenzo de tomarse un café, mucho menos una salida con entrada por 400 duros, ella que ha preferido tus 30 palabras de plata, benditos los días que se malbarata con vos, bendito tú que escoges a los perdedores, bendito tú que en tu indiferencia te importan los colores, bendito tú que eres un amante casual de la soledad mientras le guiña el ojo a la compañía, ¿si te hiciera un homenaje te morirías? porque de ser así quisiera en herencia tuya un tulipán disfrazado de margarita, sólo para jugar a que vienes a corregir conmigo al mundo, sabiendo que entre el mundo y nuestras soluciones sólo existe el onanismo mental, venga desde mis ojos hasta tu hoja, yo te saludo,

Deshojando margaritas

A falta de historias que contar uno empieza a hurgar en el pasado, ahí donde parecía que había sobre el cristal una raya de mejores ilusiones y empezar como juanga a decir que a mis dieciséis… tenía una novia que me quiso y yo a ella, aunque fuera por dos meses, y subía montañas repletas de nieve y tomaba una mochila con una muda de ropa y me lanzaba a ver lo que había más allá de la acera y era feliz creyendo que tenía esperanzas de tocar bien la guitarra. En suma, una cosa tan cursi que sólo de pensarla dan ganas de deshojar margaritas y comer flores. Pero claro, ahora es cursi, antes era la verdad más verdadera. Como verdad fue también la primera vez que mi mayoría de edad me proporcionó mi incipiente ciudadanía.
Una credencial con mi foto de ratón sorprendido me decía que ya alcanzaba los korn flakes de la alacena y podía comportarme como todo un señorito muy adulto y muy responsable.
Con la venia del estado, di rienda suelta a mi madurez. Por primera vez entré a un antro sin sobornar cadeneros y me bebí todo lo libre que había en la barra al lado de una hermosa argentina que me dio todo el amor del que era capaz por sólo cuatrocientos pesos y, en la sala de un cine infesto de aromas indescriptibles, descubrí la más extremas connotaciones del oh my god, y sí, en el colmo del descaro, voté por primera vez.
Un poquito de historia me enseñó que los tricolores habían tenido 70 años de oportunidad y que los azules no tenían ni puta idea, así que me fui por los amarillos. No ganaron, así que al fin yo no decidí ni madres, pero eso no me quitó la ilusión. En mis pocas incursiones a las urnas me fui enterando de a poco que, sin importar el color, los nombres de los fulanos me eran del todo desconocidos, y con el nombre también sus manías y sus fobias, sus rencores y sus traumas y al fin de todo, si ellos, que salían en la tele cada 2 minutos, me resultaba unos perfectos desconocidos, yo, que por entonces no salía ni en el periódico mural del tercero de prepa, debía de ser para ellos del todo inexistente. Así que empecé a anular mi voto.
Al paso del tiempo, la vida, que es una cosa que nadie entiende, pero de la que todo mundo habla, resulta ser no tan buena ni tan interesante ni tan intensa ni tan bella ni tan grave ni tan seria; Dios resulta ser un don nadie sin oficio ni beneficio que vive de glorias pasadas y que ha perdido toda credibilidad en los comicios; la chica que me quiere no me quiere como quiero yo ni mucho menos la quiero como quiere ella; eso de subir montañas no resulta más divertido que el futbol de los domingo; cruzar la acera sale demasiado caro para mi salario de oficina y dejé la guitarra por la pluma a ver si me encontraba un poco de talento acaso por accidente. Y, en un acto de bondad sin precedentes, permito que mis amigos crean todavía en la democracia y repitan sus discursos reciclados que desempolvan cada 3 años mientras yo me enciendo el décimo cigarro de la tarde pensando en que Megan Fox está igual o más buena que Angelina pero más joven, más rica y más de moda y que si me dieran a elegir entre las 2 declararía empate técnico, nomás pa’ que ninguno, ni ellos ni yo, perdamos las ilusiones y sigamos deshojando margaritas mientras lentamente nos carga la chingada con toda la dignidad de nuestra ciudadanía responsable a cuestas entre el infesto aroma de la desesperanza.

viernes 26 de junio de 2009

Torero, Torero


La plaza gritaba enardecida. Oleeeeeeeeeee. Oleeeeeeeeeeee. El capote volaba por los aires. Un pase de pecho, luego otro y otro más. El hombre y la bestia liados en combate singular. Pañuelos blancos levantados en el aire en un muñequeo frenético que hacia estremecer a la plaza entera. El ruedo, haciendo honor a su nombre, giraba en torno. Rodilla en el piso. Oleeeeeeeee. Persecusión en el centro. Oleeeeeeeeeeee. Gritos ahogados de mujeres con pupilas deseosas de que el héroe salga avante. Frente perlada de un sudor frío, caliente, luego frío otra vez.
Me planté en el centro. Tomé el capote con mis fuertes y vigorosas manos y esperé. Del fondo se abrió una puerta y la bestia salió bramando deseosa de hacerse conmigo. Aguanté firme la llegada del astado. El capote extendido para recibirlo. Plaf. Un golpe. Seco. El capote voló por los aires. El torero también. Se acercó la cuadrilla de ayuda. Yo me levanté de un salto y dije: Aja, torito, aja. Oleeeeeee. Gritó la plaza. Un pase medianamente y luego, quién sabe cómo, otra vez en el aire capote y torero, torero y capote y el infame animal lanzándose sobre mí una y otra vez presa de un frenesí que mis frágiles huesos le causaban. Cada nueva embestida era menos ágil, menos rápida, menos decidida, de mi parte. El pecho. Las piernas. Los huevos. Putísima madre, qué dolor, qué dolor; sí, qué dolor de huevos. En posición fetal me retorcía mientras el infame palurdo me pisoteaba y me demostraba quién era ahí el que mandaba.
Mi siguiente recuerdo es un montón de caras conocidas y la de un señor bigotón que me manoseaba las carnes y acabó por decirme: Qué madriza le ha puesto esa vaquilla, joven, no lo vuelva a hacer.
El acto duró 15 minutos. Tal vez, sólo tal vez, 5. Para mí fueron 15 rounds. Los perdí todos. KO técnico en el primer asalto. Además de 2 o 3 veces que logré conectar un pase a medias, el resto la bestia me los dio a mí. Por estricta verdad de cronista, debo dar la edad y el peso aproximado de mi rival: 5 años, 800 kilos.
Miente quien afirma que era una vaquilla de meses y pesaba unos 50 kilos. Es claro que quieren jugar con mi maltrecha conciencia que, por lo demás, tampoco ha quedado en sus cabales.
Mi mamá soñó que sería torero. Yo sueño cada noche con eso desde hace una semana también. Mis propios gritos horrorizados me despiertan.

lunes 22 de junio de 2009

La Neurosis

Siempre que escribo, doy unas vueltas, de hecho nunca escribo con la intención de los que tienen talento, estúpidamente sólo escribo cuando me inspiro y eso, queridos, es esperar a que esa señora celosa llegue al cuarto y me encuentre en la cama con otra, por eso yo nunca escribo con la disciplina propia de quien quisiera ser leído por multitudes furibundas…

Estoy sentado en el café, algo nervioso, volteo al reloj casi tan rápido como me fijo en la entrada del café, en algún momento llegaras, los nervios se calmaran como se compone el semblante de una oveja cuando llega el lobo, tomo otro trago de café y prendo otro cigarro, no sé el número de veces que lo he prendido, tampoco me preocupa, abro el libro que estoy leyendo, como si pudiera entender algo de la trama, por supuesto, sólo estoy pendiente de una cosa: de tu entrada en el café, con una sonrisa…

Sigo esperando, francamente en estos momentos, me importa un bledo el mundo y sus desamores, así te espero se qué vas a llegar, tarde o temprano, me gusta imaginar que vienes de jeans y de playera, observo por primera vez el lugar, está casi repleto de clientes, desde ese que trae a la secretaria disfrazada de amante hasta esos chicos que vienen a ver como se ligan a su amiga, ha pasado un buen tiempo, te espero y me invade una terrible angustia: ¿y si paso algo? ¿si me hubieras necesitado en la esquina? Por si acaso me asomo por una ventana, nada, todo tranquilo, aprovecho para voltear a ver una mesa…

Yo supongo muchas cosas de la vida, no creo que estemos parados en un lugar tan especial, ¿no lo han pensado? Porque habría de ser un lugar especial que sólo es el tercer planeta de un sistema de nueve planetas y una estrella, hay millones de estrellas por todo el universo, por si fuera poco, somos millones de seres vivos en el planeta, ¿de donde saca el ser humano que es el más importante? ¿cómo saber si lo es?, el mundo se está perdiendo y nadie hace nada, sólo se quejan… Carajo no llegas, llevo casi toda la tarde esperándote, no sé donde estás y no sé nada de ti, mientras tanto prendo el último cigarrillo y pido el último café, con esa cantidad de toxinas en mi sistema, es natural que mis nervios se hayan calmado y el ligero temblor de pierna se haya detenido; por fin pido la cuenta, ya sé que no vendrás hoy, es lógico ni siquiera te había citado, hace meses que no te veo y así está bien, ni siquiera el café está en tu camino a casa y eso está mejor, ya vendré mañana a ver si llegas, a ver si me invade toda la tarde la misma angustia de esperar a que entres por el café … maldito oriente medio, maldito Bush, maldito Obama, maldito Papa, malditos judíos, malditos nazis, bendita neurosis y sus jaleos sólo lo preocupan de más a uno, la economía no va bien, los senadores se pudren en sus asientos, los partidos políticos son un fraude, el presidente un imbécil, la oposición una partida de idiotas y yo dejé propina de más.

jueves 11 de junio de 2009

Cuando llueve sobre mojado

Aquella manzana parecía jugosa y sin embargo advertí, mientras la comía, que tenía algunas partes más oscuras que otras y que eso, al gusto, parecía no gustarle.
Como siempre y como todo, no renuncié hasta dejarla en huesitos, incluso chupé (como siempre) hasta la ramita.
Minutos después el estómago me reclamaba algo, y por supuesto me interesé más en la película mala-mexicana (disculpen el pleonasmo) de acción que comenzaba en la tele que del dolor que fue creciendo entre comercial y comercial.
Fue así que comenzó la noche mas larga de mi vida, y este es su recuento.

11:00 pm Ya en la cama, mientras llovía allá afuera, el dolorcito se hizo intenso y constante. De ser un pequeño retortijón se hizo un siempre punzante estomagototote...
01:00 am Decidí levantarme por primera vez, porque el intento de dormir se hacía cada minuto un poquito más estúpido... Empecé a caminar alrededor de la cama y a mentar madres... Afuera el aguacero estaba de pelos...
02:30 POR FIN !!!!! Encontré dos pastillitas de Pepto, ellas nunca me habrían dejado morir solo, Ellas, fieles amigas de tantas experiencias del tercer tipo, Ellas iban a salvarme de esto... Ellas eran lo que mas amaba en el mundo en ese momento…
Todo iba a pasar pronto...
02:35 Todo pasó pronto… al fondo del escusado. Agachado ante el water regresaba lo que quedaba de la manzana, con un específico color rosita característico de mis grandes amigas las pastillas... (Ellas, las muy cabronas, se negaban a dar batalla)
Algo estaba saliendo mal... Muy mal...
03:00 Dieciocho vueltas alrededor de la cama me habían hecho sentir un poquito mejor, las cosas podían no ser tan malas (siempre tiendo a exagerar), el asunto era agarrar sueño y con el sueño pasarían las cosas...
Era hora de acostarme de nuevo...
03:05 Una puta mentira – pensaba mientras veía de nuevo el fondo del escusado – ahora había menos manzana y un poquito mas de rosa...
04:00 Salir de mi cuarto sería la mejor opción (dar vueltas en un espacio de 4x4 empezaba a ser, además, aburrido). Caminar por el pasillo hasta el cansancio iba a caerme bien...
Caminé y caminé hasta que el sueño hizo, de nuevo, su aparición. Pero NOOOO, esta vez no me iba a ocurrir lo mismo, no me acostaría dejándome llevar por el engaño. Esta vez me acomodé una silla, pues sentado me dolía menos...
04:20 Duele menos, pero con un carajo no se puede dormir, no hubo forma de conciliar el sueño en tan adversa posición y menos con este malditísimo dolor abdominal...
Había que acostarse de nuevo, sí, eso era lo mejor...
04:25 No siempre las grandes mentes llegan a grandes ideas – filosofaba ante el ya conocidísimo escusado – mientras los ojos me lloraban y hacia el célebre ritual para descomer.
04:27 Es interesante ver los objetos desde ángulos singulares (diríase que mi cabeza metida en el water es precisamente el ángulo singular y al que me refiero...)
5:00 La lluvia inundaba la ciudad y yo daba vueltas en la sala.
5:30 Por primera vez sentí frio en 5 meses...
Decidí vestirme, visitar de nuevo el wáter en-la-posición-singular y salir de esa casa.
Tenia que ir al hospital.
5:45 El camino más largo de mi vida.
De la casa a la esquina.
¿Y luego?
¿Alguien sabe dónde hay un hospital en esta ciudad?
¿Alguien puede quitarme este dolor?
6:00 Apenas llegue a esa puerta mis pensamientos redundaron en lo inútil de la iniciativa, ¿apoco iba a tocar la puerta de una vecina así como así? Obviamente no.
Esperaba que encontrar un taxi sería más fácil.
6:20 No lo fue...
6:25 Miraba en los ojos de un taxista asustado: "quéste cabron no se me muera aquí…”
6:30 Mientras subía las escaleras de la entrada de Urgencias del Seguro Social mis pensamientos se iban con el arrancón del taxista que al fin no tenía la culpa de casi aventarme.
…Sin embargo, ¿qué carajos hacía la sala de urgencias en un segundo piso?
(¿verdadero surrealismo en estado puro o la estupidez en su máxima expresión?)
6:35 La jeta de pocas pulgas de una poco amable enfermera me informaba que sin la hojita rosa no podría entrar al recinto.
6:36 Mis ojos y un grito consecuente de dolor (tal vez un poco exagerado) le dieron la respuesta. Debía hablarle a un doctor ¡ A U R I T I T A !
…¿qué carajos es la hojita rosa???
6:40 Lamentos míos resonaban en aquel cuartito que la hace de oficina (¿putero? ¿olía a putero?) y consultorio. El doctor intentaba sacarme algo de información. Preguntaba y tecleaba mis balbuceos en una antigua (y ruidosa) máquina de escribir.
6:43 Dictamen del doctor: "Mmnnnnno joven, voy a tener que operarlo sino se lo va a llevar la chingada... Segurito es apendicitis y si no lo opero orita a usté ya valió madre…"
6:44 En la cabeza algo se me despedorró. ¿Operarme a mi? Pus que estamos pendejos o que...
"wua, bla wua, bla, peritonitis, wua bla, bla, llevar la madre, wua bla, bla, de la chingada joven"
6:50
De pronto escuche el silencio. El doctor me miraba como esperando una respuesta, y ante mi actitud poco cooperativa de ayudarle a introducirme un cuchillo, mencionó que su responsabilidad era internarme y hacerme unas pruebas.
6:55 Entre seis camas de hospital, tres de ellas ocupadas, alguien me ayudaba a quitarme la ropa y ponerme una pinche bata que, además de tener un color rosita ridículo, estaba sin planchar, vieja y extremadamente pequeña... (pinches batas de hospital, ¿nadie les ha dicho que también deben tapar las nalgas?)
7:00 Me introdujeron un catéter por el brazo, y me sacaron sangre por el otro.
El dolor apenas me permitió firmar un formulario que me enseñaron.
7:03 Apenas estampé la firma aquella y, ante mi propio asombro y mi poca comprensión del inframundo (un verdadero infierno in situ), casi automáticamente – por arte de magia – el dolor, toooooddo el dolor, así como llego, d-e-s-a-p-a-r-e-c-i-ó... El dolor se había ido, tal como había suplicado toda la noche, el dolor ya no estaba, cabut, chingoasumadre, valió, disapir, nada, nada, absolutamente nada de dolor...
7:04 Yo estaba sorprendidísimo. ¿De verdad todo mi teatrito se iba a acabar así? Ni modo de pararme e irme dando las gracias por las atenciones… ¿y mis gritos? ¿y mis quejas? ¿y toda la puta noche sin dormir?... Noooo…
Algo nuevo empezaba a gestarse en mi cuerpo…
7:05 Un sueño fulminante me aplastaba los parpados. Diríase que Morfeo ya galopaba sobre mi vergüenza mientras la enfermera intentaba darme algunas instrucciones. Creo que al final se rindió ante mi elocuente indiferencia por hacer algo diferente que ay, por dios doorrmirrr...
7:06
8:00… 9:00… 10:00… 11:00… 12:00… 13:00… … … … …

A las cuatro y media de la tarde desperté por los gritos de una vieja en la cama de al lado y con un hambre atroz. Una enfermera mucho más amable me dijo que tenía dos noticias que darme… una mala y una buena: la mala es que me habían robado el reloj, la cartera, el pantalón, el celular y los zapatos. Lo único que me quedaba era la camisa que había usado de almohada (la cama no tenia almohada) y los calcetines que nunca me quité. La buena es que me habían declarado el alta y estaba completamente sano. Debía que desocupar la cama, devolver la bata y desalojar el hospital. Felicidades y que tenga usted un buen día...


Nota al pie: Todas hechos aquí relatados son verdaderos, excepto los que no. La sala de urgencias del Hospital del Seguro Social de Villahermosa se encuentra en un segundo piso. Se accede subiendo escaleras o usando un elevador que lleva 3 años sin funcionar. A los tres pacientes que fuimos dados de alta ese día, nos habían robado todas nuestras pertenencias. Nunca obtuve mi diagnóstico.

jueves 28 de mayo de 2009

Si mi cabeza no alcanzara...

Si no fuera sencillo cambiarte por un cigarro,
abrazarme a una idea
y en mi regazo fueras falta de ilusiones.

Si no sintiera lo que pienso
y no distrajera el sentimiento

Si mi cabeza no alcanzara
para el espejismo de mañana
y esta historia tuya no hubiese coincidido.

Si creyera en otra cosa,
si tan solo fuese menos simple
entregarte a mi café por las mañanas

Tal vez, incluso ahora, tampoco quemaria las naves...

miércoles 27 de mayo de 2009

Las Fronteras II El camino del sueño

Las Fronteras II

El camino del sueño

Mi mente es el caos, son tormentas de nubes que se aparecen y desaparecen, es la constante de una mente que por momentos espera el amanecer, de una luna que espera al anochecer para iluminar la tormenta...

Mi cuerpo es la tranquilidad, el mar esperando besar tranquilamente la playa, la tranquilidad de estar en un eterno vaivén, esperando que la luna se aparezca para levantar la marea...

Mis manos son la tierra, la humedad del musgo que crece viendo al norte, la lenta exploración de la tierra alcanzando las ramas altas de los pinos, la rápida agonía de quien es eterno, la eternidad de quién pertenece al club de los inmortales, la pertenencia de crecer sólo bajo los influjos de la marea nocturna, de los ojos tímidos que reflejan la luna a los seres vivos y diminutos…

  Mi mirada es la oscuridad, los contornos de un bosque nocturno, los frágiles ángulos de las figuras con los multicolores del enramado de los pinos, el apacible prado y la furiosa marea del viento frío que viene del norte derribando las ramas de los árboles, para dejar pasar los rayos de luna en medio de las hojas...

 La travesía entre mi mente, mi cuerpo, mis manos y mi mirada conforma mi alma, el alma entre los pinos de un camino por medio del bosque, los árboles sagrados de mis ancestros, la tierra sagrada, la paz de quién sabe que la carretera de ida no tiene fin y el camino de regreso nunca está terminado…

 Los nichos de los hijos que no tendré estarán en la cima de la montaña, los lobos cazarán bajo mi mirada y dormirán en mi regazo y, en una noche fría de Enero, con la luna en lo más alto, mi Banshee me colocará una trampa con el amor de quién espera siglos, me recostaré sobre la tierra húmeda a esperar tranquilamente que vengas por mi, con tu mirada enternecida por el vaivén de la marea adormecida por el frío, hambrienta de mi alma, esa noche vendrás a mi, querida muerte blanca y me cobijarás con el helado beso de tu compañía...

Los caminos llegan a su fin, para poder huir de la niebla gris que cubre al mundo, para dejar atrás las lagrimas del bosque, para poder soñar de nuevo, para volar lejos de los tesoros y sus herencias, para alejarme del calor de los vivos y poder sentarme en las estancias de mis ancestros. 

viernes 22 de mayo de 2009

Un Apoyo Moral Y Una Bala En El Abdomen, Para Pepe Donoso

¿cómo le puedes escribir a un escritor? ¿qué le quieres enseñar a un maestro? ¿qué cuento le cuentas al hacedor de sueños? ¿Cómo le digo a mi general que ya no soy soldado?

Sentado en tu silla fumas y pides un apoyo moral, para soportar las conversaciones de todos los chicos que se te acercan a insoportarte con proyectos y cosas, siempre pensé que Cronos no quería hacerte caso, que sería grosero contigo y nunca te saludaría, siempre pensé que tú eras Peter Pan con el disfraz de un sabio para pasear fuera de Nunca Jamás, algo me dice que eres mortal, pero no lo quiero creer, esas son cosas que dice la mente para arruinarnos el día, no alcanzo a recordar cuando te vi por primera vez y sin embargo, recuerdo perfectamente la primera vez que conversé contigo, conversar es un decir, porque acaparaste la platica con esas cosas tan tuyas de saltar de una historia a otra, intercalando anécdotas y viejas historias de personajes reales y grandes, que ahora tienen estatuas en jardines a las que molestan las palomas.. esa noche nos invitaste a tu lugar ¿café, bar, tertulia, cofradía, sindicato? Y de pronto, estoy con ¿Cortazar, Picasso, Julio Cesar, Lucifer, Borges? ¡Cyrano de Bergerac! No, espera un poco, deja que te defina mejor, estoy tomando mate con un granjero de piedras, estoy tomando café con un capitán del ejercito chileno, aquel que defendió la aceptación de los indígenas en la oficialía, estoy tomando whiskey  con el edecán de Allende, que prefirió mantener su dignidad y su orgullo para no atentar contra la República, estoy sentado con Ulises escapando del jardín de Polifemo el policía-militar, para poder reunirse con Penélope, ¿habrás conseguido reunirte con Penélope?, ¿o ella sigue tejiendo por el día, mientras tú navegas de isla en isla teniendo todos los días una aventura distinta?, eres  un alma exquisita, tan grande que se empequeñece para no asustarnos, que nos veías con cierto cariño, el cariño de Drácula, permitiendo a la sangre nueva acercarse para maravillarse con nuestra juventud… pero a que viene todo esto, no estoy siendo claro, ¿tú serías claro definiendo quien eres Pepe?, ¿quién eres? A ti que haces poesía con la risa, acomódate para siempre en Reforma, estréllales a los ciudadanos la democracia en la boca, búrlate de todos y con el soneto en la mano, predica por la noche, que los países civilizados, son los que mejor licor tienen y más temprano engalanan las copas, con tu primera copa a las 12, pide un apoyo moral y apunta a tu vieja herida en el abdomen,  estás sentado en el palco del Coliseo, en el palco de los emperadores, en el trono del Cesar, tú tan republicano y tan emperador, remítenos a la pelea, nosotros tus gladiadores en la arena del coliseo, en el campo de batalla de la vida, ordenándonos que dejáramos de planear proyectos en el café para VIVIR de una vez y por todas, por eso, Peter Pan, Ulises, Cyrano, antes que la pálida dama, que se confunde con la Luna te lleve, antes de que duermas con ella

Desde la arena hacia tu palco, PEPE DONOSO YO TE SALUDO.

del termino Zoquetrefe

Se ha dado un gran debate acerca del origen de la palabra ZOQUETREFE,

al parecer hay una referencia sobre si la palabra se escribe con "S" o

con "Z", a petición del respetable público voy a intentar aclarar el origen

de la susodicha palabra: ZOQUETREFE con Z es la consolidación de dos grandes corrientes superpopulares en toda la Iberoamérica, viene del:

Zoquete cuya definición correcta es:

1. adj. Cuba. altanero ( altivo). Apl. a pers., u. t. c. s.

2. m. Pedazo de madera corto y grueso, que queda sobrante al labrar o

utilizar un madero.

3. m. Pedazo de pan grueso e irregular.

4. m. coloq. Persona fea y de mala traza, especialmente si es rechoncha.

5. m. coloq. Persona tarda en comprender. U. t. c. adj.

6. m. Par. Pedazo grande de carne vacuna.

7. m. Par. Cargo público.

y ésta primera aceptación fusionado con la palabra Mequetrefe cuya

definición según la misma fuente es:

(Quizá del ár. hisp. *qarás, el de andares ufanos).

1. m. coloq. Hombre entremetido, bullicioso y de poco provecho.

por lo que podemos adoptar que el gentilicio Zoquetrefe significa

"persona tonta, de mala traza, rechoncha que se entromete donde no le

hablan"

quisiera hacer el comentario también, que el SOQUETE está referido

para designar a un calcetín corto y se encuentra la palabra de origen

en el "sock" inglés por lo que SOQUETREFE  querría decir entonces,

calcetín entrometido y eso, la verdad, es muy poco aplicable.

jueves 14 de mayo de 2009

Pláticas entre escritor y psicólogo, respectivamente

Un loro que blasfema en latín dice:
o sea que, otra vez, tu tienes razon, me conseguiré alguien que me destroce el corazon
*mi literatura anda escasa

Angel dice:
… exacto... tu sabes que a veces se escribe mejor desde abajo... porque desde arriba las cosas son demasiado dulces... los mejores escritores que he leído no suelen sobresalir en el acto de vivir sabroso...
*ahora bien... si requieres que alguien te rompa el corazón algo está muy mal... precisamente... en tu corazón..
*algo quebrado pues.. digamos...

Un loro que blasfema en latín dice:
*sí, supongo que algo anda roto, nomas necesito un nombre y, en el mejor de los casos, un apellido de doncella

Angel dice:
*o la chingada madre que la parió... total.. sólo necesitas la excusa...

Un loro que blasfema en latín dice:
*pero de preferencia que la excusa tenga buenas carnes
*digo, pa’ que haya sazón
*y varias necesidades insatisfechas

Angel dice:
*siempre es mejor que la excusa tenga buenas carnes y malas lenguas.. que en general sea imposible llegar a ella, o por lo menos poco práctico accederle... (que sea casada, que viva en Grecia, que tenga novio, o que no sepa de nuestra existencia aun a pesar de haber convivido con ella los últimos dos años)
*esto asegura una "rompida-de-corazón" de calidad.... pues no estamos como para hacerla mediocremente...

Un loro que blasfema en latín dice:
*mira, y si en lugar de "o" a todo lo anterior le pones "y"
*ya andas cerca de cubrir mi perfil

Angel dice:
*si me hubieras visto... si esta plática fuera en persona y no virtual... hubieras visto que no pude evitar aplaudir... UN APLAUSO PARA EL RAY... venga… todos...

Un loro que blasfema en latín dice:
*siempre he sabido que SOY TODO UN HOMBRE
*y hasta en lo nauseabundo se dejar la mediocridad de lado

Angel dice:
*perfecto... tenemos pues... asegurada una historia g l o r i o s a a ...

Las Fronteras

Lo difícil nunca ha sido empezar a escribir, lo terrible nunca ha sido divagar por los mundos y laberintos del minotauro, lo cobarde nunca ha sido hundirse en el mar embravecido de la hoja en blanco, lo sombrío es saber que puedo curarme a través del amor y las palabras, pero no lo quiero, no quiero la paz, no quiero la posguerra, lo que quiero es la terrible carnicería de una trinchera siempre amenazada y a punto de caer, lo que quiero es la mirada suplicante de un chico disfrazado de soldado, muerto por mi bayoneta, lo que quiero es el silencio sordo de las explosiones, lo que quiero es el tranquilizante momento en que dejo de agonizar. 

martes 12 de mayo de 2009

Me despido de mi... me voy

Porque sabemos, a estas alturas de la vida,
que estos adioses nunca son parasiempres.
Me pediria vivir, pero lo voy a hacer
Me diría: disfruta. Pero no lo puedo evitar
Me diría que no debo volver,
aunque esa excusa no esta en mis manos todavia.

Me diría además, que aprovechara toda la nueva experiencia,
pero que le hacemos, si tantas palabras no importan porque me sobran los consejos.
(me preocupa la mitad, la otra mitad: tambien sus querellas y sus querencias)

No voy a cambiar mucho,
porque los que estamos seguiremos.
Esos otros (yo) que quedamos,
no cambiaremos por la inercia.

Yo y yo sabemos que ya no importa el paso de los tiempos y los vientos y los montes.
Seguiremos siendo lo que somos, aunque así no lo queramos, aun así si no nos vamos.

Lo que duele no es la partida, es decir hasta luego,
es saber, que al volver la mirada, no encontraremos lo que fuimos.
Apenas quedaron restos de lo que somos...

Aquí estare,
La ciudad, la conchadesumadre con sus problemas.
La soledad y su discurso de atole con el dedo,
Acciones y recuerdos infantiles (que a estas alturas ya se viven como los aromas)
Estaremos y, aunque no lo quiera, tambien me quedo.

El mal humor por las mañanas.
Mi desorden y las tarareadas.
Los pendientes y amores por temporada.

Esos ya no son anhelos y sueños nunca cumplidos...
Esas son intenciones de buenas costumbres que sabemos no podremos
(porque sabemos, no queremos)

Yo que me quedo, que tambien me quedo,
ahora supongo (y pienso a ciencia cierta)
que este cambio de los tiempos volverá a encontrarnos las miradas.

Por eso no vuelvo pronto,
Aunque, y aún así, me voy a extrañar.

lunes 11 de mayo de 2009

Lo que Yo escribiría es...

 Hay ciertas expresiones que me encantan, no por la sabiduría que encierran, por el contrario, me gustan porque son expresiones de cabezas calientes y corazones fríos que responden a anécdotas o datos ajenos a la situación que se acaban de enterar, me gustan porque son de uso común en conversaciones donde la frase es inútil y no toma en cuenta el contexto, de estas frases, hasta se podría hacer una breve clasificación, por ejemplo, están las que le echan en cara a un sujeto que está por terminar la anécdota, más o menos reciente,  de un conflicto que tuvo con alguien, cuando los camaradas de café aprovechan para enviarle una andanada de frases que le hacen saber lo idiota o cobarde que es, por lo tanto esta clasificación se podría denominar consultoría bélica verbal: "lo que yo le hubiera dicho es..." o "le debiste haber dicho..." que son los cercanos a la diplomacia, se llega a casos violentos verbales: "a mi me hubiera valido, le hubiera dicho sus cosas", "a mi no me hubiera durado, le habría cerrado la boca de un puñetazo"; otra  clasificación, podría ser referida a los consejos,  desde los consecuentes "yo en tu lugar lo que haría...", "por experiencia te digo que..." hasta los francamente impertinentes y paternales: "a tu edad yo ya había...", "Yo siempre he pensado que ...", "lo que debes hacer es ...".

De todo esto, me hace gracia que en el café, todos somos más valientes, más ocurrentes y más inteligentes para resolver situaciones pasadas, presentes o para predecir los problemas del futuro, amén de todo esto hay una frase, que por encima de todas es mi gran favorita y es:  "si yo fuera _________ lo que haría es", ah!!!! claro que es mi favorita porque, para empezar se puede usar con diferentes tiempos: ""si yo fuera _________ lo que haría es", "si yo hubiera sido_________ lo que habría hecho es", "si yo estuviera a punto de tomar el cargo de _________ lo que haría es" se usa para tantos puestos, basta con poner en la linea alguno de los siguientes cargos nacionales: alcalde, secretarios de gobierno, gobernadores, presidente, entrenador de equipo, entrenador de la selección, futbolista que fallo el penal, administrador de blog; (claro, los puse de menor a mayor importancia administrativa).

La frase me encanta, cuando la escucho pongo atención hasta en conversaciones ajenas, la simpatía de la frase no tiene que ver sólo con lo que el interlocutor nos dispensa de sabios consejos, también tiene que ver con la ocupación del mismo, es decir, no importa la condición intelectual o sociocultural, lo que importa es hacerle saber al mundo que está más capacitado que el cargo que critica.

 Yo tengo una teoría de porque los mexicanos hacemos esto, creo que es porque estamos acostumbrados a que nuestro equipo de gobierno son una partida de incompetentes, por lo tanto cualquier aportación suena útil en comparación del trabajo de nuestros gobiernos, pero ¿se han fijado que nadie dice "si yo fuera diputado lo que haría es"? creo que hasta nosotros sabemos que es inútil pertenecer a la cámara. Pero todo esto viene a una sencilla propuesta: si yo fuera periodista no hablaría más de la influenza porcina, sobretodo porque en un principio, al menos para mí, fue una gran confusión, por un momento pensé que al secretario de Hacienda, Agustin Cartens sufría de una terrible gripa y estaba besando gente, gente como usted y como yo y eso, francamente la sola idea de que el secretario de Hacienda nos contagie de lo que sea que tenga y por la vía del contacto, brrzz es para dar escalofríos al mismo Satanás.

Un Cuento de Nada

El cuento no sabía de que podría tratar, había en su pensamiento dos mil planes para realizarlo y sin embargo ninguno se puede plasmar en una historia lineal, no sólo eso, le habían dicho que tenía buen ritmo narrativo y que hasta mantenía un nivel de creatividad digno de los locos, (cuando mencionan locos es porque la definición de un loco es la definición de alguien que su sabiduría no es suficiente para hacer entender al mundo que lo rodea y viceversa), el cuento estaba desesperado, lleva días maquinando como poder encontrarse con la inspiración, anda buscando señales por todo el universo sobre su tema, nació cuento tiene que acabar como cuento, no hay más: inicia con una presentación de los personajes, hay un nudo, lo resuelve y todos son felices para siempre, o por lo menos las últimas horas del día, (cuando mencionan las ultimas horas del día es a los minutos que sobran, que están ahí pero que no se produce nada, los minutos, por ejemplo, entre que uno se acuesta y se queda dormido, pueden ser 79 segundos o  tres horas, el asunto es que esos minutos se guardan al resto del día y en el momento de la muerte se hace inventario del tiempo que uno no hizo nada, por nada se refiere a los momentos en que ni siquiera uno se puso a divagar por los océanos de la mente y la imaginación, hay quién tiene solo charcas por mente, hay quien tiene el mar del norte embravecido por las tormentas polares) esas últimas horas del día donde la desesperación llega, el cuento no termina de darse por vencido, ha buscado personajes, como si saliera a buscar vagabundos que quieran trabajar de ejecutivos en algún banco, como lobos que quisieran pastar con el rebaño para protegerlos de los pastores, el cuento vaga por la ciudad e incluso por el campo, no encuentra ni paisajes ni personajes, mucho menos la historia de su vida, el tiempo se acaba, si por lo menos pudiera encontrar una sucia trinchera llena de muchachos disfrazados de soldados que pudieran morir en una batalla inútil y contar algo interesante mientras gritan por sus madres y sus novias, pero ni siquiera eso, ni el asqueroso lugar común de todos los aficionados acerca del amor, ni un mal beso entre un par de colegiales que intentan quitarse el abrigo de la virginidad o el pudor público de abrazarse en medio de la plaza de armas, mucho menos un ave que no quiere volar, el cuento está sentado en un café, ¿qué puede hacer? Y ¿qué haría si pudiera? El tiempo sigue corriendo, lo que resta del día… el cuento se consuela pensando en que pudo ser peor, pudo tratarse de una película o de una novela por lo que su vida duraría horas y hasta semanas, se consuela pensando en que pronto terminará la tortura de no saber qué historia contar, ya que nunca estuvo, lo reconforta saber que pronto va a dejar de existir, …, …, …, …, …, …, 

martes 28 de abril de 2009

Pandemonium


Tengo que confesar que mis limitados conocimientos son aún más limitados en términos químico-biológicos. Sigo sin saber qué coño significa que un carbono se una a un hidrógeno y mi mejor definición de basura orgánica o inorgánica es si previamente el resto que deshecho ha sido comestible o no, si me lo comí va a un cesto, si no a otro, aunque nunca tengo claro cuál es cuál.

Lo que entiendo de virus se reduce a una computadora que de pronto me vuelve el word a excel, el excel a foto, la foto a canción de Laura Pausini y la Pausini a un video porno de muy reducido erotismo que en su punto más álgido se apaga súbitamente, pero no el video, la compu completa, y cuando la vuelves a encender te sale una hermosa pantalla azul que reza algo como: el sistema no puede recuperarse de un grave problema, por favor apague el equipo. Y ya. Adiós a la cartita de amor, al balance general de mis finanzas rampantes, a la foto de la novia que nunca tuve, a mi adquisición de una canción inédita de Serrat y al video no autorizado de Angelina.

Hoy salí a la calle. Sí, salí, aunque no lo crean. Mi novia virtual me dio permiso (motivos tendrá de sobra), así que con miedo, incluso con cierto asco, decidí enfrentarme al zoológico de bípedos que deambulan por las aceras.

Cuánto hará que no pongo un pie en la calle que la moda cambió radicalmente. Parece que pasamos de los pantalones a la cadera (¿no venderán pa' hombres?) y camisita entallada, entallada (¿no venderán pa' hombres que además sean flacos?) a un accesorio bucal bastante exótico. De varios colores, verdes, azules y blancos en su mayoría. Yo, como siempre, a la zaga de la última moda milanesa, caminé visto como bicho raro por varias calles. Ahora el asco era recíproco.

Luego hable con uno, que dice que soy su amigo aunque él no lo sea mío, y me dijo que todo era por cierto virus de puercos que rondaba la ciudad, que te daba como gripa, pero no era gripa, que te daba como fiebre, pero más culero, que te daba como tos, pero que parecía tes, que, en resumen, estaba retebiencabrón. Y pensé que mi amigo, que no es mi amigo, había comprendido al fin cuán cerdos somos, pero no le dije nada. Por lo del virus, ya lo dije, desconozco por completo de esas cosas. Me imagino que si la gente anda con cubrebocas es porque han de ser del tamaño de una manzana que te atacan de improviso. La cosa en la boca debe ser, naturalmente, para que el manzanazo no te dé en pleno hocico porcino. Tuve miedo. Mucho. Perder los dientes es una de mis más oscuras pesadillas.

De pronto, a causa del décimo quinto cigarro de la mañana, me vino una tos, luego una tes y hasta una cuato. Una señora desde un balcón gritó: epidemia, epidemia, mientras me rociaba el agua que previamente le echaba a sus plantitas. Otra señora gorda (no sé por qué a esas horas de la mañana sólo había señoras y, las más, gordas) se alejaba de mí entre trompicones y torcidas de tobillo mientras se santiguaba chillando, Pandemia, Pandemia, y al doblar a la esquina, desconcertado, tropecé. En mis intentos de mantenerme en pie derribé un canasto enorme de rojas manzanas que me llovieron en la cara de una en una, de tos en tos, de tes en tes, mientras yo trataba de cubrirme inútilmente pensando, éste es el fin, me he contagiado, moriré. La gente se amontonó a mi alrededor, sorprendida. Se bajaban sus mascarillas para poder hablar a placer de lo sucedido, confiados, supuse, pues las manzanas ya rodaban todas por el piso sin peligro de atacar. Yo en tanto agonizaba y sentía como la vida me abandonaba lentamente.



Que hacer si la epidemia llega a tu ciudad...

Nuestras platicas idiotas (sin nada mejor que hacer) en el MSN

Angel dice:
oye tu puerquito... como vas??
Un loro que blasfema en latín dice:
aqui ando
de hecho armando una nota para el blog
tu que onda
Angel dice:
picándome los ojos y pellizcándome el ombligo...
pero ya me canse...

Un loro que blasfema en latín dice:
ah si que te dieron vacaciones, no?
Angel dice:
resulta ser muy cansado cuando es lo unico que tienes que hacer....
sip
Un loro que blasfema en latín dice:
pues podemos unir fuerzas
Angel dice:
podemos tambien combatir el mal que nos aqueja... podemos golpear a alguien.. incluso podemos dar un golpe de estado...
que propones....
Un loro que blasfema en latín dice:
yo la verdad, pensaba atragantame con pinole
y salir tosiendo
hasta caer fulminado en la acera

Angel dice:
eso es muy histrionico...
pero puede funcionar...

Un loro que blasfema en latín dice:
y que te extraña?
Angel dice:
no es extraño.. es extravagante... pero me gusta
Un loro que blasfema en latín dice:
pos por eso
tu puedes apoyar gritando en la otra acera:
el lo tiene
EL LO TIENEEEEEEE

Angel dice:
ok... pero hagamoslo en la juarez, o en el centro.. o mejor aun, en angelopolis...
hay que advertirle a los medios...

Un loro que blasfema en latín dice:
angelopolis me gusta
Angel dice:
filmado va a ser el pandemoniummmm.... ya quiero verlo en el noticiero de las 8
Un loro que blasfema en latín dice:
le acabas de dar titulo a mi articulo
se agradece
dile a naye que la necesitamos de directora de escena
y al valdo como intelectual fantoche
el cardona puede ser polecia
y el cubas medico de guardia

Angel dice:
mas bien como guarura.. da mas el perfil...
Un loro que blasfema en latín dice:
guaruras tuyos o mios?
o de la naye?
o de los espectadores
Angel dice:
de la plaza... suponia de la plaza...

viernes 17 de abril de 2009

Clásicos para clasemedieros

Desde hace mucho tiempo descubrí que el fanático de futbol es un almacenador de datos y experiencias ajenas e inútiles.
Y sin embargo, debo confesar que es algo que me gusta más allá de la conciencia, más allá de mis vicios y con mucho más ahinco de lo que me gustaría aceptar en público.
Antes, solía presumir que mi gusto por el equipo era una forma de manternerme "humano" es decir, evitarme la "soberbia pena" de vivir de las ideas y los ideales, de la observación plena y absorvente (esta también fanática) del mundo que me rodeaba, el bochorno de ser llamado (meramente) "intelectual".
Me desaburguesaba pues, decía yo.
Todavía lo sostengo (divina soberbia), pero ahora (que ya no me siento tan alto) me doy cuenta que también me gusta como pasión simple, como catalizador. Me da un muy cómodo sentido de pertenencia; esa que nos permite decir: "yo también le voy a Chivas!".
De eso está hecho el futbol, de pertenencias, de saber que yo soy de este y no de aquel, de deudas de honor que hay que cobrar. De injusticias cometidas por el árbitro, el tiempo, del maldito portero (MALDITÍSIMO PORTERO!!!), el poste o un tal "salvador" que termina jodiendo el juego y de paso la diversion haciendo goles de a dos toques.
Pero, es lo bonito del futbol, que es impredecible, que no se gana de merecimientos, que el enojo es real, que la decepción es grande, que la tristeza al salir del estadio la compartimos todos con caras cabisbajas y nos sometemos al placentero masoquismo de no aceptar la derrota. Que ya habrá otra oportunidad, que la "legión" que nos representa, esa base de chamacos-correteadores -de-pelota, nos va a vengar a todos...
Porque esto no se puede quedar así!!!
Pero (otro pero), noventa minutos despues, seguiremos con nuestras vidas... hasta los siguientes noventa minutos... hasta los siguientes noventa minutos... y asi y asi...
Es la metáfora perfecta de la guerra moderna. Los malos contra los buenos, los ricos contra los pobres, los craks contra el juego de conjunto, los olvidados contra los debuenaestrella. Es la posibilidad de dar venganza a la injusticia diara que significa tener tan poco tiempo de vida para trascender como personas. No así como equipo...
Sea pues...
LARGA VIDA AL REBAÑO!

lunes 16 de marzo de 2009

Los recovecos del placer


El sueño de cualquiera: Dos mujeres. Al mismo tiempo.

Sentí el suave contacto de las yemas de sus dedos en mi espalda que me provocó una fuerte descarga eléctrica por toda la espina dorsal. Tras de mí cerraron la puerta.

Me recostaron bocarriba sobre una pequeña cama dispuesta para sus artes y las miré sobre mí; una a cada lado. Sus ojos brillaban al mirarme. El resto de su rostro cubierto por un velo. A mí se acercaron, lentamente. Sus manos se posaron en el justo lugar que buscaban. Cerré los ojos. Un ligero dolor que comenzaba a expandirse por el sitio que con sus hábiles manos recorrían me hizo imaginar que aquello era el inicio del más grande de todos los placeres imaginables.

No se cuánto tiempo pasó. Conocí entonces lo que es la eternidad, porque el tiempo se detuvo en aquel instante. Aun ahora.

Entre la bruma de aquel acto, fuera de toda posibilidad descriptiva, desperté. Con la poca cordura que aún sobre mi quedaba las vi separarse de mi carne. Sus velos seguían intactos. Con nimia gentileza una me ayudaba a levantarme mientras la otra me entregaba la factura. Comprendí que era falsa aquella sentencia que predica que los mejores placeres de la vida son gratis. Al menos los $1,600.00 que marcaba en el total demostraba que éste no lo había sido. Sin plena conciencia de lo sucedido, pagué y salí entre la bruma de la inexactitud de lo que había pasado.

Hoy, un hoy que es el mismo de entonces después de pasados tres días de todo aquello, aún no logro salir del trance. Aquel dolor primero, nada tiene ya de ligereza, se ha convertido en un dolor agudo, incesante, con tintes de desesperación… y tengo que volver en una horas. Otra vez.

Me dispongo a regresar de nuevo ante aquellas dos damas que me esperan, impacientes. Ante el espejo me acomodo la camisa y me peino. Sonrío. El cristal refleja todo de mí, excepto una parte ausente. El espacio que ha dejado el premolar en mi sonrisa es evidente.

Qué dolor. Qué dolor de mierda.

Ahí están ellas, otra vez, esperándome, recostándome, poniéndose sobre mí, acercando sus hábiles manos a mi boca. El dolor es intenso. Más que antes. ¿Y el placer? ¿Dónde coño quedó el placer?

lunes 9 de marzo de 2009

Porque correr un maraton de 10 kilometros?


Porque No se puede vivir con tanto veneno*


  • El segundo fantasma aparecio encima de la mesa de la cocina.

  • El tercero en la puerta del edificio B de la universidad. Los demas ya no me acuerdo cuando aparecieron.

  • En el Maraton VW 10 Km. 2009. El senor Fernando y su hijo empezaron la carrera 20 minutos despues del banderazo de salida.

  • Posibles causas: El trafico, veinte minutos de calentamiento de ultimo momento, el utimo cigarrito pa los nervios, un ataque de panico.

  • El senor Fernando llego en el lugar 1723. Justo antes de un joven morenito cuyo nombre desconocemos. (principalmente porque no le preguntamos) (uno no anda corriendo maratones y preguntando los nombres)

  • Tiempo oficial: 1 hora con 25 minutos.

  • Solo 4 personas pasaron la meta detras de el.

  • Creo importante aclarar que el senor Fernando tiene 60 anos cumplidos.

  • Cuarenta minutos despues, algunos padres celebraban la premiacion de una carrera de 400 metros para sus ninos.

  • Y Angel (el hijo del senor Fernando y... treinta anos mas joven) llegaba a la meta.

  • Sus tiempos y su llegada ya no quedaron registrados.

  • Habian levantado todo.

  • El nino ganador recibio un pleisteishon y una dotacion de sonrics.

  • Angel recibio: 1 botella de agua. Los aplausos del chofer de la ambulancia que lo acompano los ultimos 2 km. Las palabras de aliento de un obrero de VW que decian, muy bien muy bien, ya casi ganas... y la sonrisa del nino que cargaba su pleisteishon nuevesitito.

Minucias al pie:

  1. Hoy estoy aprendiendo a abrocharme las agujetas de nuevo.

  2. He perdido la sensibilidad en las piernas y el gusto por la vida.

  3. Tampoco siento mis testiculos.

  4. Cuando recupere la movilidad de mi espalda, he decidido retirarme a vivir en el campo y dedicar el resto de mis dias a la contemplacion astracta (asi... sin b) de la naturaleza.
  5. Ahora leo la Biblia para recuperar mi fortaleza.

  6. Ahora se que Jesucristo me ha dado una segunda oportunidad y voy a aprovecharla.

  7. Dicen que los fantasmas son por falta de oxigeno en el cerebro.


* La frase no es mia. Es de una filosofa colombiana llamada Chaquira Chaquira

lunes 2 de febrero de 2009

Olvidos sin importancia

Hay que decir que decir "clase media" es medio decir. Lo cual significa que uno no es rico, pero tampoco pobre; no es ignorante del todo (se sabe -o se cree saber- sumar, restar, firmar vouchers, leer los instructivos de los electrodomésticos y lo que significan frases como "kilómetros por hora" o "para toda la vida"), pero tampoco culto; no es inocente, pero tampoco malévolo; no entiende que es una lucha de clases, pero se suma a las más posibles; no sabe un coño de filosofía, pero toma café en grupo mientras usa palabras como democracia, libertad, institución o paradigma.

O sea que se repudia a lo de abajo, se aspira a lo de arriba, se come el mole con cubiertos.

También es causa de mala memoria. Poco a poco, o de madrazo, se le olvida que, no hace mucho, en lugar del plastiquito azul paga todo en la cartera, traía una cartita de la última novia pa-ra-to-da-la-vi-da y en la bolsa, en lugar de las 45 llaves del coche, de la casa, del negocio, unas cuantas moneditas que alcanzaban o para el autobús de regreso o para los famosos cigarros sin filtro con papel arroz. No se acuerda, no quiere acordarse, que su viaje más largo fue a la pirámide de Cholula y su  actividad más glamurosa caminar por alguna plaza comercial semi de moda creyendo que tiraba el rostro. Su bebida favorita no era el whisky on the rocks (¿what?), sino una caguama banquetera. Su ilusión automovilística posible era un vochito 85 y no el jetta último modelo que todo mundo tiene ahora, por lo menos en la cabeza, por dios santo, hasta en la cabeza, madre mía, lo único en la cabeza.

Así que ya no es (en sus pláticas, en su memoria, en su cama, en su casa), el pobrecito adolescente que pedía coperacha para invitarle el helado más caro de la historia a la dulce niña de ojos miel que se dignó a regalarle una sonrisa. Qué va. Ahora cuenta que ella, la hermosa hija de los Iturralde, se moría por usted, que la sedujo con su encanto, con su don natural de casanova y le hizo el amor con la infinita pasión de los quince años. Ahora la única revolución posible está en el departamento de quejas y en las filas del banco con el de la camisita azul del de adelante. Los pobres siguen siéndolo por huevones mientras usted y yo seguimos chingándonos cada día para hacernos un futuro después de años de partirnos la madre en la uni, porque no, nunca nos volamos las clases ni pasamos de panzazo ni le copiamos al de junto ni nos hicimos amigos del profe buen pedo.

No. Nosotros jamás de los jamaces fuimos nada de eso y no tenemos ni la mitad de lo que merecemos.

Instrucciones para ser el otro

Sigues parado en el mismo sitio. Pero ahora lo sabes.
(Incluso Claudia, aquella a la que dices amar por sobre todas las cosas, en principio no se enamoró de ti.
Lo sabes!!!
Te vio representando un personaje y se fue tras él. Le pidió con besos y caricias que se casaran. Le entregó su cuerpo y su alma a ese aquél, bonito personaje de caricatura y poca pacotilla que no eras tú.
Nunca fuiste tú.
Y alguna vez, en la intimidad de la noche, después de que él se la cogiera tantas veces como le fue posible, saliste tú de entre las sábanas para pedirle un beso para ti. Un tú-muy-tú, que resultó ser tan bello y digno de ser amado aquella noche, amado de a deveras, como los grandes, con gran-intenso amor, sin otro alguien ocupando la cama. Fue entonces que te enamoraste al fin, perdidamente, de esos ojos que te miraron con amor por primera vez a ti. Así supiste que Claudia también se sentía encerrada representando la mujer que todos querían que fuera. Te enteraste entonces que, en su obra de teatro personal, ella representaba a la cúspide de las niñas bien de esta souciedad. Que otra opción iba a tener...
Pero el lunes por la mañana, frente al pan francés, tu-amor-de-anoche no desayunaba contigo. Ni rastro de los signos y los besos y las caricias y la sencillez y sinceridad de aquella mujer. Sentada frente a ti, aquella, la mujer perfecta que representaba. Con la misma sonrisa perfecta congelada en los labios. La misma que cazaste hace ya incontables ayeres.

Entonces comprendiste que esa era la regla del juego y se llama matrimonio. De noche tú, a veces. Y de día él, siempre. Y así, entonces, pasaba más tiempo él con la esa ella, que tú con la tuya. La otra-ella. La verdadera.
Acéptalo. También te gustaba su papel. Como esposa y cómplice de odios y rencores que se guardan para otras ocasiones era perfecta. Es el papel de mujer que te metió mamá desde niño, pus si lo dijo Freud, qué otra cosa va ser).

Tres semanas después, sigues parado en el mismo sitio. Esperando que la misma buena suerte se presente con el diablo que quiera comprarte el alma que pusiste en oferta, a ver si ahora sí...

lunes 19 de enero de 2009

Ni tú ni yo

No eres tú, soy yo -me dijo tan convencida, que por un momento (unos 10 ó 12 años), estuve a punto de creerle. Pasado el tiempo mencionado, comprendí que era su forma de mandarme directito a la chingada. Y no vaya usted a creer que soy idiota, nononó, todo lo contrario, lo que pasa es que ni las mentes más brillantes son capaces de estar lúcidas al cien por ciento. Digamos que en este caso era un desliz, un devaneo, un medio tiempo de un partido fragoroso. Pero las aguas vuelven siempre a su nivel y se comprende todo. Hasta que se repite la misma escena otra vez, y luego otra y otra y otra más. Así que uno empieza a sospechar ligeramente que tal vez, sólo tal vez, sea uno y no ella.

Por eso, ahora, convencido, juro que sin un resquicio de falsedad en todo mi ser, he dicho una docena de veces francamente en el último mes: No eres tú, soy yo.

Seguro usted, amable lector, me comprenderá con claridad, si no, no se preocupe, no es usted el que no entiende, soy yo el que no se explica.

miércoles 7 de enero de 2009

Queridos reyes magos


Hace ya bastantes ayeres que los presuntos reyes magos develaron su identidad y tuvieron nombre y apellido conocidos. En realidad lo que pasó es que nunca revelaron nada, uno, a sus párvulos 5 años se enteró del numerito el día en que fuertes ruidos me despertaron. Con la ilusión de la circunstancia, salí presuroso en pos de encontrarme con los presuntos 3. Oh, tristeza de tristezas, horror de horrores, oh, desilusión. En lugar de 3 eran 2. En lugar de desconocidos, perfectos conocidos. En lugar de reyes, infames periodista y esposa, respectivamente. En lugar de magos, una lucha imposible contra las alas de un avión que se resistía a instalarse en el resto del aparato y en la cual muy poco había de mágico. Los vi sin que me vieran, oí sin que me oyeran y toda mi amargura se ahogó dentro de mí. Luego, volví a la cama sin más.
A la mañana siguiente, los desenmascarados me miraron con emoción mientras yo me dirigía hacia la caja de aquel avión sin alas. Entonces, sucedió. Los engañadores fueron engañados, los usurpadores usurpados. Ellos creían que no sabía, yo sabía que ellos no sabían que sabía. Vi sus ilusos rostros, sus anonadadas sonrisas y comprendí que todo aquel cuento no lo armaban para mí, sino para ellos mismos. Así que, jugamos el juego de no saber, de no saber que sabía, de creer que creía. De David contra Goliat. Mantuvimos la ilusión, ellos la suya, yo, la suya también. Comencé a volverme duro.
Años pasaron de aquello y un día, ya más grandecito, me volvió a pasar lo mismo. La presunta Virgen María develó su identidad. En realidad lo que pasó es que nunca reveló nada, uno, a sus párvulos vnt5 años se enteró del numerito el día en que fuertes ruidos me despertaron. Oh, tristeza de tristezas, horror de horrores, oh, desilusión. En lugar de 1 eran 2. En lugar de desconocidos, una y uno, respectivamente. En lugar de virgen, en pleno conocimiento bíblico con su San José. En lugar de María, ma, maría, en una lucha imposible contra un avión que se resistía a instalarse en el resto del aparato y en la cual muy poco había de virginal. Los vi sin que me vieran, oí sin que me oyeran y toda mi amargura se ahogó dentro de mí. Luego, volví a mi casa sin más.
A la mañana siguiente, los desenmascarados me miraron con emoción mientras yo no dejaba de pensar en la lucha contra aquel avión sin alas. Entonces, sucedió. Los engañadores fueron engañados, los usurpadores usurpados. Ellos creían que no sabía, yo sabía que ellos no sabían que sabía. Vi sus ilusos rostros, sus anonadadas sonrisas y comprendí que todo aquel cuento no lo armaban para mí, sino para ellos mismos. Así que, jugamos el juego de no saber, de no saber que sabía, de creer que creía. De David contra Goliat. Mantuvimos la ilusión, ellos la suya, yo, la suya también. Pero yo ya estaba duro mucho antes.
P.S. El avión, aquél, el de juguete, jamás tuvo alas, jamás voló, jamás fue un avión de veras.

domingo 14 de diciembre de 2008

Instrucciones para jugar un juego

Me dijo un día: Necesito un cambió en mi vida. En eso momento pensé que era su manera de decirme que ya no era ni su vida ni su amor ni su cielo ni su nada. Pero no. Al día siguiente llegó con nuevo corte de cabello y un color indescriptible. Maravillosa manera de reactivar las pequeñas felicidades en 48 minutos. Cuando empecé a notar que también yo necesitaba un cambio, traté de emular aquello. No funcionó. Pasar de hippie come flores a soldado raso en términos capilares no representó nada que me hiciera sentir diferente. Así que intenté algo más riesgocito. De la noche a la mañana pasé de ser un anarquista mediático (si se permiten revoluciones institucionales no veo por qué a mí no se me iba a permitir ser aquel engendro híbrido que sepa dios qué coño significaba) a un modesto clase medierito, con trabajito en regla, noviecita pudorosa con planes a futuro y comiditas familiares los domingos. No me convencía mucho, pero era cuestión de dejar pasar tiempito para acomodarme en la nueva circunstancia. Mi formación de economista me aconsejó esperar, como en cualquier negocito, por lo menos un añito para ver los resultados. La vida, que es más culera, me mantuvo no uno, sino 3 en el intento. Hoy, 48 meses después, se decreta oficialmente el cierre definitivo del changarro. Vendo, traspaso, remato, regalo, pago por deshacerme de todo el numerito. Comer flores, a pesar de la inflación, la recesión y la caída de las bolsas en el mundo, sigue costando mucho menos que gastar la poca energía que aún nos queda en seguir juntando fracasitos cotidianos. Ser un muerto de hambre bueno para nada, me va mejor que ser un muerto de hastío bueno para todo. Los domingos siguen siendo tan aburridos como siempre.

martes 9 de diciembre de 2008

Navidad S. A.

Aqui entre nos, estas fechas suelen solo traerme, ademas de gastos, todas mis neurosis a la piel. Todo porque mi hermana, linda ella, me dijo a los 4 años el nombre de los reyes magos.

No, no eran melchor, su amigo de la mirra (alguien sabe que es eso?...) y el negrito ese...
De hecho eran fernando y raquel (aunque ustedes no lo crean asi se llaman, si quieren les pueden preguntar)...

Poco despues supe, por ellos, que tampoco santoclos existia, y que si existia no llegaria a mi casa. Principalmente porque eramos (pobres) mexicanos, y a los niños (pobres) mexicanos los visitaba, en su lugar, el niñodios.

Que tampoco nunca dejaba regalos....

(... MALDITA NAVIDAD...)
(y malditas drogas)
(perenme, le voy a marcar a mi terapeuta...)

lunes 8 de diciembre de 2008

Relaciones Públicas


Cuando me empecé a tomar en serio esto de la escribida, me puse a buscar editores. Eso de buscar es un decir, pero la intención ahí anda. Hasta hace unos meses tenía (Ay, Dios, cómo odio el pretérito imperfecto, ¿será por eso que es imperfecto?), un libro de cuentos terminado, algunos cuentos más para el siguiente, otros en proceso y una novela a la mitad. Pero un día, maldita sea, acaeció el deceso de mi computadora. Con ella, todo lo que tenía adentro, incluida mi incipiente carrera literaria. Me deprimí. Algo así como si la novia que has tenido desde la adolescencia llegara y te dijera a punto de casarte: eres muy especial, pero me caso con otro, que en términos computacionales se traduce como “Not hard disk available”. Y entonces no me consolaban las chaquetas (hay que decir que esas nunca me han consolado, mucho menos en domingo) ni los viajes ni el alcohol. Supongo que, si ahora lo puedo contar, es porque lo peor de esto ha pasado y lo peor de aquello está por venir.
Pero el caso es que, antes de todo el numerito, había pensado que, si no conseguía editores, al menos conseguiría un chingo de amigos que con sus compras agotaran rápidamente la edición. Una cruel voz, de cuyo nombre no quiero acordarme, pero sabe Dios que me está oyendo, me hizo notar que tampoco tenía tantos amigos. Entonces me deprimí (¿será que así resuelvo todos mis problemas?), luego, me decidí a hacer un blog. No es que desde aquí tenga muchos (amigos, no problemas ¿o sí?), pero la influencia de lo virtual es tan grande que aquí hasta los enemigos te leen. De hecho, comienzo a sospechar que son estos últimos los que más leen buscando hacer uso de mis traumas evidentes. Luego, en un ataque histriónico, le puse contador de visitas. Cosa que resultó peor. Descubrir que había sólo 2 lectores cada 15 días me hizo comprender que: a) La venta potencial de libros sería, a lo sumo, 2, antes de que me sacaran del mercado; b) Claramente no tengo muchos amigos, pero, según yo, no eran sólo 2, ¿qué habrá pasado con los otros (2)? ¿No serán amigos? ¿Soy elitista y no tienen acceso a internet? ¿Son ciegos? ¿Analfabetas? O, horror de horrores ¿No son amigos? (Podría incluir en la lista de incógnitas que simplemente no les gusta lo que hago, pero eso, claramente, es imposible.) Consecuencia: Sí, adivinan ustedes (2): Me deprimí (¿será que así resuelvo todos mis problemas?), luego, incluí a otro escribidor en la lista de participantes.
Aquello ha resultado una gran cosa porque aquél, de cuyo nombre no quiero acordarme, pero sabe Dios que me está oyendo, no tiene cosas muy claras en la vida, pero sí una, esencial: tiene un chingo de amigos, o enemigos tratando de hacer uso de sus traumas evidentes, que para el caso es lo mismo. Así que gracias a esto, el contador de visitas me llena de ilusión. Hemos llegado a las 1300 que pueden seguir multiplicándose, hay que decir que de esa cuenta, 100 son mías, el resto ya se sabe. Así que me deprimí, naturalmente, luego, concluí que con los (2) amigos que tengo es suficiente y de ahora en adelante me dedicaré a las relaciones públicas. En esta circunstancia, el mal uso de 4 idiomas puede ser una gran cosa. Esta mañana, ante el espejo, con una ceja levantada, he comenzado a ensayar frases del tipo: Hola, qué tal, es una cascada de algarabía saludarle. Mi incapacidad de hacer amigos me ha llevado a hacerme de enemigos. Hoy le escupí a uno, le dije un piropo vulgar a otra e hice una crítica infame contra George Bataille y Wallerstein. A todos les dejé el link del presente blog. Veremos resultados.

jueves 4 de diciembre de 2008

Filosofía Matrimonial II

"Yo no sé si mi mujer me dejó porque empecé a beber o empecé a beber por que mi mujer se quedó".

Matrimonio

"Y CUANDO SE DESPERTÓ, EL DINOSAURIO SEGUÍA AHÍ..."

Definitivamente es la mejor definición de matrimonio que he leido jamás.

(Maldito Monterroso, sigues estando muchos pasos adelante)

miércoles 26 de noviembre de 2008

Out side


Extrañamente a estos tiempos absurdamente fanáticos, yo soy de los pocos espectadores que nos miran el fútbol desde niños. Uno, al paso de los años, entiende por qué es un deporte tan visto: es elemental hasta la náusea. 11 vs 11 peleando, a patadas, por un balón que en 90 minutos es posible que no se meta en ninguna portería. Cualquier niño lo puede jugar sólo teniendo algún elemento girante, que no necesariamente es una pelota. Sabemos, los que lo hicimos, que una lata, un envase de plástico, cualquier cosa basta para sustituir a la pelota ausente. Por porterías ni qué decir. 2 piedras, 2 mochilas, 2 suéteres a prudente distancia bastan. Y luego, sólo la diversión de correr tras aquella lata bajo la lluvia, el sol o el frío hasta gritar desaforadamente ¡Gooool!
Lo único que parece no tan elemental en el fútbol es el fuera de lugar. Que si el defensa estaba en línea con el delantero, que si el delantero iba detrás del balón son cosas que ocupan las discusiones de los especialistas por semanas. Por fortuna, en aquellos juegos de lata, uno no se ocupa de esas minucias y sólo juega sin más. Después, ante el televisor o en el estadio, gritaremos desaforados: ¡estaba adelantado, árbitro pendejo! Pero cuando uno, por infortunio, queda dentro de todo aquello, después no encuentra consolación. Cuando acaba de meter el mejor gol que jamás meterá en su estúpida vida, cuando el balón, la lata o el frutsi van directo de aquella portería imaginaria, cuando ves como frente a ti el portero se estira y vuela y vuela con el brazo y la mano extendidos y no alcanza jamás aquella hermosa curva que el balón, aquel balón que ha sido golpeado por la prodigiosa parte externa de tu pie derecho, hace en el aire, cuando una emoción desde lo más profundo de tu ser se desborda en un grito de euforia incontenida y la gloria del instante nos invade, de pronto, de lejos, como entre sueños, se escucha el sonido de un árbitro cabrón que nos avisa que algo no está bien. Entonces se comprende la esencia, la sustancia, la verdadera naturaleza de aquello que se ha dado por llamar “fuera de lugar”. El árbitro ha silbado, una lástima, una verdadera lástima, comprender que, sin importar las discusiones ni la hermosura de la jugada, lo que define a aquella regla no es estar en línea con el defensa o estar detrás del balón, sino sólo aquel sonido infame que el árbitro emite con su pito de mierda. Aquella hazaña realizada no lo será más ni pasará a las estadísticas. Se empieza a sospechar entonces la naturaleza de los fracasos.

jueves 20 de noviembre de 2008

Cronicas de mis fracasos (I)

Mi hermana se casó
Luego se embarazó
Luego tuvo a un lindo bebe (producto del embarazo se entiende)
Luego mis papás se volvieron locos a su alrededor
Poquito después dejé de ser el consentido de la familia
Varios meses de terapia me hicieron entender que los bebes no son solo cajas de carton con patitas

(aunque...)

Aún ahora despierto chupándome el dedo pulgar, y mi terapeuta dice que hacerme pipí en la cama es sólo una fase típica del edipo no resuelto.

Maldita mi suerte, tambien como hijo: soy un fracaso.

Lecciones de docencia para maestros remisos

Primera escena
El Profesor le dice a sus alumnos: El proximo martes, traen su libro de texto porque no puede ser que vengan a la escuela sin sus libros!!!!
Los Alumnos: Siiiiiii

Segunda escena
El mismo Profe: Ahora si, ya estoy harto. El que no traiga libro se me sale ahorita mismo del salon y tiene falta!!!

Tercera escena
El mismo Profe esta pensando en mejores estrategias de docencia.
El salon se ha vuelto a quedar vacio.

martes 11 de noviembre de 2008

Página en blanco

Hace ya 2 meses que dije algo como "aún no me he ido y ya hay media docena de historias que esperan ser contadas". Claro se ve ahora que ha sido una promesa de esas que no se van a cumplir. Y es que la media docena ahi sigue, pero ya no estoy seguro de querer contarlas. Lo que pasa es que uno se da cuenta, al paso de los días, de cosas varias, y qué cosas señores míos. Desde la época embrionaria ya le cuelgan a uno en el pescuezo (pescuezo que, dicho sea de paso, aún no existe en aquella época) varios planes, hartas perspectivas. Luego, uno solito se va colgando más. Que si economista, que si vagabundo, que si escritor, que si salvador del mundo, que si intelectual. Al final, como ya se sabe, todo se lo lleva la chingada. De aquellos sueños grandilocuentes no quedan siquiera retazos y se ve a las claras que, desde la ventana de un edificio, entre el tumulto ordinario de las calles, se es uno más de los bípedos que transitan las banquetas. De todo aquello no ha quedado sino el "delicioso" horario de oficina, amores que han dejado de ser platónicos para siempre y algunos nombres propios. De todo aquello lo único que queda por contar es que tomo cerveza en vez de whisky, que hago viajes desastrosos y que no me salen las cuentas de la felicidad. Para colmo, un asqueroso síndrome de página en blanco que es semejante a tener una fractura expuesta de tibia y peroné siendo futbolista profesional. Esperemos que en los días subsecuentes haya pronta recuperación. En tanto, dejemos que el silencio hable un poco.

lunes 10 de noviembre de 2008

Fenomenos futboleros

En el minjitorio del estadio despues del partido...
Dos aficionados se reconocen por las playeras y se saludan con un gesto de cabeza, conocido este como saludo multiocasiones, casual poco formal.
Llenamos el estadio, el pinche tecnico se guarda los titulares y perdemos el partido, dice uno mientras se lo sacude.
A wuevo, dice el otro.
Y con ese movimiento, los dos se sacuden la frustracion, la terapia y los restos de orina.
Todo al mismo tiempo.

lunes 27 de octubre de 2008

Treinta años...

Para el Ray


Treinta años despues, la vida sigue sentada aqui a mi lado.
He perdido partidos que ni he jugado
y he ganado campeonatos sin saber, siquiera, como...

He sido tocado por mucha gente,
y he tocado a demasiados...

He cometido infinidad de errores.
He fracasado en todo, menos en lo importante.
He desperdiciado todo, excepto lo trascendente.
Los he decepcionado a todos... empezando por el parto

Treinta años después ya no soy ni tan joven para brincar
ni tan viejo para bailar
La muerte, aunque ya me hace ojitos,
aun desde lejos, todavía desde lejos.

Treinta años después tengo amigos que nunca veo,
enemigos con los que no tengo el gusto,
recuerdos que no comprendo
proyectos que,
como el humo,
se van,
para bien o para mal,
arriba, muy arriba de mi cabeza...

En estos 30s, mantengo,
sin ánimo de lucro, la insistencia de volver a vernos
de volver a estar conmigo,

Treinta años después,
sólo me queda una esperanza
ojalá me viva treinta años más...

(Feliz cumpleaños a mi...)

Volver a la vieja escuela abandonada

Siempre y cuando las paredes quieran recordar, a veces oyen las clases, otras algún grito de un niño, o dos o tres mil jugando...

Aún cuando las paredes recordaran, no saben cuanto tiempo ha pasado, hace cuanto se fueron los niños, cuando el último director, cuando fue que el conserje y su familia habían decidido dejar de vivir ahí, pues la nostalgia y los fantasmas pesaban mas que sus propios límites.

Pero eso no lo saben las paredes, y no lo sabrán nunca, pues están condenadas a permanecer ahí. Solas, llenas de candados, llenas de ruidos, llenas de silencios...

Y aunque los días fueran tristes y las noches un poquito más, en aquella escuela abandonada, donde las paredes recuerdan, todavía se oye, muy de vez en cuando el grito de uno o dos o tres mil niños jugando...

Se dice que los gritos de tantos niños pasados están destruyendo las paredes...

miércoles 15 de octubre de 2008

Historias del antro

Una chava camina hacia la salida del atascado antro empujando gente, hace notar que tiene prisa, y su movimiento es abiertamente agresivo con los que se encuentra a su paso. No hay gritos ni llanto sonoro, pero su cara está bañada en lágrimas y su gesto es de dolor, mucho dolor (inclusive demasiado dolor).
Nadie la sigue.
En ese momento pienso que todo el teatro no le está sirviendo de nada.
Nosotros, los curiosos/ mirones/sentados en la barra/morbosos/aburridos/ de todo lo que se mueve en los antros nos quedamos esperando que alguien aparezca tras ella, sabemos (porque lo sabemos) que espera que le jalen el brazo y digan: “DETENTE, espera tantito, no te vayas…”
Pero nadie la detiene.
El momento se vuelve triste. De la burla pasamos rápido a la compasión.
Con la mirada y con el gesto nos decimos: “Uy que mal” y le damos otro sorbo a la cerveza.
Sé que compartimos la sensación de que esta noche va a acabar muy triste para ella.
Y es que... nadie la sigue.

domingo 12 de octubre de 2008

No smoking, please


Excusas por la reincidencia. Comenzaba ya mi proceso de resignación por la flagrante prohibición de ejercer mi derecho de fumador activo. A pesar de mis quejas, en el fondo comprendo que no tengo derecho a contaminar el aire “puro” de los otros (siempre me pregunto si Pemex, las fábricas y el ya no tan rampante capitalismo sí lo tienen) y trato de ajustarme a los embates de la civilidad. Así que uno busca un sitio adecuado para ejercer su derecho fumatorio y esperar con paciencia el momento propicio. Hasta aquí todo bien. Pero cuando uno, pendejo como es, decide, en un ataque de no sé qué absurda falta de conciencia, treparse a un avión por 12 horas, comete el acto más vandálico, más cruel, más vil contra uno mismo. La promesa de paraísos varios no basta. Se comprende el terrorismo en toda su expresión, se desea hacer una amenaza de bomba cuya sublime demanda sea un minúsculo cigarrillo, unas cuantas fumaditas. La mujer de junto, conforme el tiempo transcurre, se vuelve la musa inspiradora de los más horrorosos bestiarios. Me vale, me voy a ir al baño y me voy a tragar el humo. Pues no, idea estúpida. Gritaré súbitamente con fuerte y desenfrenada voz:¡¡¡¡¡ El 5 Copas!!!!!!!!! Aprovecharé la confusión para una larga, profunda fumada a mi dulce cigarrito, luego lo lanzaré a cualquier parte y mientras exhalo la espesa nube de humo, gritaré: ¡¡¡¡Fuego, fuego!!!! Tranquilo… Respira… Leamos un poco. Media página después de ver bailar letras en forma de volutas de humo, cerramos el pinche libro traidor. Música. Putísimo Gardel cantando: Fumando espero, a la mujer que quiero. Atisbo de cordura. Serenidad y paciencia, Solín, mucha paciencia. Maldito Kalimán de mierda, por eso no eres real, culero. Película. James Bond, con deleite infinito, se fuma un enorme Montecristo No.1. Más y más ideas terroristas. Empiezo a pensar en demostrar, bajo cualquier medio, que la mujer junto a mí usa peluca. No sé cuánto tiempo ha pasado, pero, al fin, seguramente falta poco para que acabe este suplicio dantesco. Y la mujer de junto, que juro usa peluca, dice algo como: Qué largo es el viaje ¿no? ¿Largo? Eterno, vieja infame, cruel como el tormento de la inquisición a los condenados. Y con mi más beatífica sonrisa le contesto un minúsculo, pero contundente: Sí. Y por si no fuera poco, deseosa que demuestre por todos los medios que usa peluca, continúa con la mejor frase que pudo habérsele ocurrido a la desgraciada: ¡Uy, sí, joven, y apenas llevamos 5 horas, todavía nos faltan 7, fíjese! ¿¿¿¿¿¿¿¿Qué quéeeeeeeeeee??????? ¡El 5 copas!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡Fuego, fuego!!!!!!!!!!
P.S. El aeropuerto de Madrid es el paraíso: Cada 30 metros, hay una cabina de acrílico para fumadores, como una transparente ventana de colección de neuróticos que con la colilla del primero, encendemos el segundo cigarro y con la de éste el tercero. Por fin mi nublada vista comienza a reconocer más que sombras y las voces a mi alrededor dicen algo que otra vez tiene sentido.

miércoles 17 de septiembre de 2008

Como decirle a tu mamá que estas embarazada

La cena familiar del viernes comenzó como todas las cenas familiares de los viernes. Veronica, la hermana menor de Karla llegó temprano de sus clases de inglés y pretendía irse temprano para ir al antro. Era la más interesada en que la cena empezara y terminara rápido.
Joaquin, el hermano mayor llego con su muy acostumbrado mal humor y después de servirse un caballito de tequila prendió la tele de la sala en espera del anunciado grito de "A CENAAAAR" que la mamá se esforzaba en hacer menos ruidoso cada vez.
Carlos, el novio de Karla tenía una pequeña capa de sudor frío en la frente y ese malestar estomacal que solo había sentido cuando sus papás le dijeron del divorcio. (maldecía al estomago por lo bajo, por traicionero y maricón...) No había podido hilar frase completa alguna frente al papa de Karla, aun cuando este se mostraba, como siempre se había mostrado: burlón, amigable y hasta condescendiente con "ese novio testarudo que se consiguió mi hija".
Karla no bajaba de su cuarto y Carlos empezaba a sospechar que estaría vomitando por la ventana o dando vueltas alrededor de la cama. Toda la tarde había estado insoportable, gritando cualquier clase de maledicencias y mentandomadres por cualquier cosa. Carlos había optado por callar, parecía que todos sus comentarios serian mal recibidos y usados en su contra (después comprendió que el silencio tampoco cambiaba las cosas).
Poco a poco todos se fueron acomodando en sus respectivos lugares, el papa en la cabecera, Joaquín a su derecha, Verónica a la derecha de este y Carlos en la otra cabecera de la mesa (siempre penso que ese lugar era demasiado incomodo, pero nunca como hoy). Karla se sentaría a su lado. Pero la pinche vieja todavía no bajaba. El grito de "A CENAAAAR" ya se habÍa escuchado dos veces molestando a los presentes y mama había decidido sentarse con un ensayadísimo ademán de hastío.
Se sirvió la pasta y se dejaron las ensaladas en el centro. Karla bajo justo cuando mamá tomaba su plato para servirle y (obviamente) le dirigió una mirada que decía: "ya era hora mijita"...
Karla respondió con un movimiento de hombros. Miro a Carlos de reojo y se concentro en los espaguetis del plato que tanto le cagaban. Pensó en que seria mala idea hacer cualquier comentario al respecto y empezó a comer sin comer, simplemente a meterse grandes bocados a la boca. A simple vista hubiese parecido que la niña tendría mucha hambre, lo cual fue notado por Carlos. Y por su papa...
Lo siguiente en la cena transcurrió mas o menos así:

Papa: mija, tenias hambre verdad?
Joaquin: (sonrisa burlona)
Karla: atragantándose el bocado - no papa, toy bien...
Mama: te sientes bien Carlos?
Todos: (mirando a Carlos)
Carlos: (sudando como nunca en su vida, y rojo, espectacularmente rojo) mmm, no estoy bien señora... Lo que pasa es que...
Veronica: no manchees, estas sudando, no tendrás fiebre tu?
Carlos: estoy bien, estoy bien, lo que pasa es que… (mirando a Karla que tenia la boca llena pero ya no masticaba) no me siento muy bien... pero... (y ya no acertaba a mirar a nadie mas que al plato)
Karla: tosiendo estrepitosamente - déjenlo en paz!!! Esta bien mama...
Joaquín: (mirando a Carlos con otra sonrisa burlona... en realidad pensaba que el chamaco era un pendejo, pero allá su hermana...)
Papa: no te comas la pasta mijo, mejor llégale a la ensalada pa que no te caiga mal la comida...
Todos: (mirando a Carlos)
Mama: ay mijito, te ves muy mal, deveras no tienes nada???
Karla: que no tiene nada!!!
Carlos: (sirviéndose un vaso de agua) en verdad estoy bien señora, lo que pasa es que... estoy bien... no pasa nada.
Karla: (mirando con ojos acusadores a Carlos)
Joaquín: pensando: (de pronto adivinó que su hermanita estaba embarazada) y sólo acertó a musitar un no mames.
Karla: estoy embarazada, YA??? Me pasan la ensalada por favor?

martes 9 de septiembre de 2008

Como colgarse una medalla de oro en las olimpiadas...

Tres letreros tres!!!

Tres letreros he visto en estos días que dicen mas o menos así:

(disculpen, no es cita textual, pero les ví poco tiempo y el diálogo interno que dispararon tales lisonjas ocuparon toda mi atención hasta hoy)



1er letrero:

El medallista de oro de las olimpiadas entrenó en Puebla!!!

2o letrero: (este con foto y todo)

Felicitamos al medallista de oro en las olimpiadas (inserte aquí su nombre... yo, ya no lo recuerdo) pues su medalla la ganamos todos!!! Gracias México!!!

3er letrero:

La Universidad tal (nombre de universidad innombrable) se enorgullece de su alumno (otra vez el puto nombre que no recuerdo) por haber ganado la medalla de oro en las olimpíadas.



Esto es lo que se llama Colgarse las medallas!!!

Bendito aquel que nos lo permite...

viernes 29 de agosto de 2008

Vuele bajo

Después de meses de espera estoy a unos días de cruzar el charco, de oeste a este, para más datos. "Espera" es un decir. Un día, como aquella ratita de un cuento, no supe qué hacer con mi monedita y que me compro un boleto de avión. Pusilánime como soy, de ida y vuelta y por 30 días. Luego, por cosas que aquí no se van a explicar, me olvidé del asunto. Hace un par de semanas me quedó claro que no tenía un plan de viaje, ni ropa, ni maleta, ni dinero. En resumen: No sé a qué carajo voy.

Junté lo que pude, que al cambiarlo en el banco por la monedita aquella se desvanecieron los miles y se hicieron unas cuantas docenas, pero ya, carguemos pues con el doloroso penar de la paridad cambiaria. Andaré caminando por calles que no conozco y trataré de probar mi incipiente italiano. Inaugurase así mi ingreso oficial a la clase media, con sueños varios y frustraciones mayores, donde uno le cuenta a todo el mundo la maravilla de lo que va a hacer y tiempo después lo horrendo que ha salido todo. Se comprenderá por fin que andar cargando una mochila de veinte kilos 24 horas por 30 días no tiene nada de divertido, que la gente es igual de babosa en cualquier parte del mundo y que andar tomando fotos como japonés para presumir después con los amigos servirá para llenar aquel viejo baúl que ni uno mismo vuelve a abrir jamás.

Se dice que los viajes son la cosa seria de la gente superficial y la cosa superficial de la gente seria. No sé de qué lado estoy, tengo sospechas.

Dejo el changarro mientras tanto. Una pausa y se verá luego. Esperemos que haya historias, no tienen que ser grandes, con que haya historias basta. Y como diría Facundo Cabral: Vuele bajo porque abajo está la verdad.

"Escribo sólo por matar las tardes, por no ponerme a deshacer (o rehacer) maletas, por no andar, como el rey de los cobardes, mustio, con un ramito de violetas, en el sepelio de las decepciones". Joaquín Sabina.

Convocatoria para marcha de protesta.


Oh, fumadores del mundo, manifestaos. Id en pos del reclamado derecho de existencia, no sucumbir ante los embates de la represión.

SE CONVOCA A UNA MARCHA POR LOS DERECHOS DEL FUMADOR REPRIMIDO. SE MARCHARÁ SIEMPRE CON CIGARRILLO ENCENDIDO.NO HABRÁ GRITOS DE PROTESTA NI PANCARTAS. LA ÚNICA MUESTRA DE NUESTRA REBELIÓN SERÁ LA NUBE QUE HABRÁ DE ACOMPAÑARNOS.

POR RAZONES DE SEGURIDAD Y FUNCIONAMIENTO SE IMPLEMENTAN LOS SIGUIENTES DISPOSITIVOS:

  1. CADA 2 CALLES HABRÁ UN RELEVO PARA CADA FUMADOR DE LA MARCHA, SE SABE QUE LAS CONDICIONES FÍSICAS NO SON ÓPTIMAS PARA LARGAS DISTANCIAS.
  2. COMO SE PRETENDE NO CESAR DE FUMAR EN TODO EL RECORRIDO, HABRÁ TAMBIÉN RELEVOS PARA CUANDO SE EMPIECE A ENTURBIAR LA VISTA.
  3. NO LLEVAR NI PRODUCTOS NI MATERIALES FLAMABLES.

MARCHEMOS, HASTA LA VICTORIA (o hasta el enfisema, el cáncer o la muerte).

Lugar y fecha por confirmar.

Fuera de la ley

Cuando supe que no me dejarían fumar más en dónde se me pegara la gana tuve varias crisis de ansiedad. Hoy, que por fin mis más horrendos temores son legales, no tengo palabras. Me cuesta trabajo escribir, me tiemblan las manos y los dedos. He llegado al trabajo y, sobre el teclado de la computadora, me han dejado un recado en letras enormes: Ya está prohibido fumar adentro, si quieres fumar, afuera.

Con tranquilidad, con una serenidad inusitada en mí, encendí un cigarro. Di una larga, profunda, fumada y dejé que el humo se esparciera por la habitación. Luego, tomé una hoja y escribí un recado en letras enormes que después puse enfrente de mi escritorio: DESDE HACE AÑOS ESTÁ PROHIBIDA LA DISCRIMINACIÓN Y NO VEO LA DIFERENCIA.

Creo que nadie entendió, pero me dejaron en paz.

miércoles 27 de agosto de 2008

Guía didáctica para el amor en doce sencillas lecciones

Se llamaba Mónica. Era la Diosa mexicana de la Belleza y la ingenuidad, pelo negro y lacio hasta los hombros, ojos negros y naricita de gato, una sonrisa angelical, de esas que te recuerdan que el mal y la perversión no existen en las mentecillas, a veces inquietas, de las mujeres bellas.

La historia con Mónica la cuento rápido, no hay mucho que contar:

1) La vi y me enamoré.

2) Me dije a mi mismo: mimismonomerecestenerunpene; Esa mujer está fuera de tu alcance, pues tienes baja autoestima (osea eres feo, no tienes cuerpo atlético, sudas y apestas como un mandril en celo y no, el BMW de la puerta no es tuyo…)

3) Me desenamoré

4) Con el corazón roto pero la dignidad intacta, me desentendí de ella y me enredé con otra (¿semi?) diosa mediopelo poco agraciada pero harto simpática.

5) Ella, Mónica se dio cuenta, y en un acto de sensibilidad, de gran humildad, fuera de todo narcisismo y sin pretensiones ególatras, pues el mal y la perversión no existen en las mentecillas, a veces inquietas, de las mujeres bellas. Me envió una carta declarándome una profunda y escondida admiración – no falta de erotismo – por estos ojos, que leían la carta casi sin aliento.


6) Vomité


7) Varias veces…



8) Me convertí en EL burro-que-grande-lo-tienes mas dichoso de la ciudad. Con más que autoestima; a u t o e g o l a t r í a. En el fuerte-atlético-interesante-intrépido-sexy- hombre-perfecto-para-ella.

9) Se volvió la mujer de mi vida, MI DIOSA personal, mi p-a-r-a-t-o-d-a-l-a-v-i-d-a y si… le debí pleistesía (palabra del vulgo tentregomicorazón: haz con él una rica ensalada con trocitos de verduras y salsa curry) y si… también, por adelantado, (sin pedirle, siquiera, acuse de recibo) le prometí amor eterno: de esos que duran para siempre…

10) Imágenes de boda, paseos por el campo, crianza de niños, risas y risas en la sala de una casa amplia y bien iluminada, con vejez compartida y te-extrañaré-cuando-no-estés-conmigo… y si… etecé y etecé.


(… Uff… si, a mi también me daría pena ajena…)

11) Le expresé mi amor; puro y lleno de bombones rosados y ella me prometió lo mismo, pero más barato. Con algunos besos pudendos y mas bien mediocrones de por medio, pues (y cito textual:) “…es que no quiero desbordarme en el deseo y perderme a mí misma con tanto y tanto que siento por ti ahora, que, por fin, estamos juntos… vamos a amarnos despacio… si?

12) Los galanes que la merodeaban (¡que eran muchos!) vieron – atónitos – que ella me prefería a mí más que a toda aquella masa musculosa y verdosa (de billetes verdes se entiende) que le ofrecían a manos llenas. YO ERA EL REY DEL MUUUNDO!!!! Y desde la cima de mis fantasías (eróticas casi todas) los veía pequeños pequeños pequeñosJA (sonrisa triunfal) JA (risa sarcástica) y JA (carcajada de triunfoooo!!)

13) Entonces, en un acto de sensibilidad, de gran humildad, fuera de todo narcisismo y sin pretensiones ególatras, pues el mal y la perversión no existen en las mentecillas, a veces inquietas, de las mujeres bellas; tuvo a bien: quedar embarazada del dueño del BMW que nunca nunca dejó de estacionarse en la puerta.

Esto terminó por acabar: con mis sueños, con mis cualidades de burro grandilocuente, con mi dignidad y de paso con nuestra relación. La Mónica-amada-mía me dijo, mirándome de lejos y con un movimiento de mano, adiós y hasta nunca jamás.

Tiempo total de la relación: 4 días, 14 horas y 23 minutos

(Siiii, ya lo sé, era yo ligeramente… digamos… por decir lo menos… el-más-pendejo)


Nota al pie:

(Pocas semanas después, un compañero, mas bien idiota, me contó una historia parecida, con el amor y el corazón en los labios… con una Mónica muy similar a la amada-mía, en un muy parecido colegio… Durante meses me juré que su Mónica y mi Mónica-amada-mía no eran las mismas… no importa si tenían el mismo apellido y la misma edad y si, sus descripciones coincidían bastante…)

(…Él seguía vomitando)

miércoles 20 de agosto de 2008

Cuentos chinos

La primera vez que un cuento mío ganó un concurso literario de esos locales e insignificantes, el "representante del gobernador" se echó un largo discurso regionalista: Es un orgullo ver un talento poblano, dijo. En mi discurso, y nada más por joder, hice notar que no sabía si lo mío era talento pero que, en definitiva, no era poblano. Se le salieron un poquito los ojotes de las órbitas y una mirada de algo parecido al desprecio me fue lanzada. Como un acto de verdadero patriotismo, cuando me entregaron mi cheque, me lancé a la primera casa de cambio para convertir el premio en euros que de mexicanos no les quedaba nada.

    Hoy, me despertaron a las tres y media de la mañana los gritos de mi mujer. México, México, gritaba la muy infame. Cuando me vio abriendo mis ojotes espantado, se me lanzó al cuello. Ganamos, mi amor, me dijo con un amor eufórico que no le había visto hace como 4 años. Me sacudió como muñeco de trapo mientras yo luchaba por seguir durmiendo. Qué emoción, Qué emoción, y me asfixiaba con sus tetas que a esa hora habían perdido todo su erotismo. Qué chingada madre pasa, le pregunté con dulzura. Ganamos, Ganamos, volvió a decir la muy ingrata.

    Cuando al fin me consideré despierto, supe que un fulano de tal había ganado medalla de oro en no sé qué cosa de artes marciales. Me tocó ver como izaban hasta lo más alto una bandera tricolor y el cronista no cabía de la emoción gritando que aquel era un orgullo mexicano y otras pavadas por el estilo. Luego el himno nacional. La desgraciada mujer a mi lado lo cantó completito mientras unas pequeñas lagrimitas se le escurrían como prueba de su orgasmo nacional. Después, el pinche presidente llamó al triunfador para felicitarlo: Orgullo para México, una prueba del valor nacional, bla, bla.

    Cuando todo pasó, la dama despertadora decidió dormir a pierna suelta mientras mis ojotes seguían abiertos como platos. Como lo que seguía de las olimpiadas ya no incluía mexicanos, cortaron la transmisión y me volvieron a poner el anuncio de 2 horas de las fajas reductoras. Yo, sin sueño, no tuve más remedio que ponerme a pensar pendejadas. ¿El presidente había hecho algo para que ese sujeto ganara? Sospecho que no, se rumora que hasta los uniformes eran más corrientes que mis camisas de nylon y que el mismo tuvo que pagarse el avión mediante patrocinadores que ahora lo van a sacar anunciando condones M junto aquella alemana que asegura que nadie como un mexicano para un buen revolcón. ¿Será amante de mi mujer y por eso tanta alegría? Mierda, si hay un enfrentamiento yo le dejo el campo libre, no quiero que me meta su medalla de oro por el culo a punta de patadas.

    Con mis ojotes como platos llegué desvelado a trabajar. La gente llevaba banderas en los coches y tocaba el claxon al ritmo de: tu, tu, tutu tú. No se hablaba de otra cosa. A huevo, Sí 'ñor, Somos bien cabrones, me cae. ¿Somos? O sea que cualquiera de esos tilicos con corbata le hubiera puesto la misma madriza al otro pobre sujeto del que ya nadie se acuerda. Todos trabajaron como nunca. Juanito no perdió tiempo en Messenger con sus amores virtuales porque "tenía que trabajar" y Fernando no se hizo pendejo 2 horas frente a la copiadora. El pobrecito presidente ha de estar durmiendo plácidamente después de su desvelo. Pero, pues, qué carajo importan 40 millones de pobres si con uno que no lo sea basta. En 20 años, o en 10, o en 5, cuando ya ni quien se acuerde, podrá empeñar su medallita para no morirse de hambre. Total, al fin ya nos entró a todos lo patriotas, a patadas, como siempre.

    Me acaban de decir que hoy hay partido de la selección de futbol, o sea que, en unas horas otra puta orgía patriotera, donde el sexo será escaso, pero a qué bonito, a qué feliz, a qué patrióticos todos. Viva México cabrones, a patadas, otra vez, aunque mañana sigan los 40 millones de muertos de hambre, total, más llamaditas del presidente y ya estuvo, más gritos eufóricos y no hay pedo, más medallitas de oro (esto no va a pasar, pero supongamos) y que el mundo gire y gire, y que la orgía nacional continúe para siempre.

miércoles 6 de agosto de 2008

Dos crudas

Esa mañana me levanto con dolor de cabeza, no estoy en mi casa y dormir en el suelo nunca me había molestado, aunque esta vez duele la espalda. Creo que tomé demasiado.
Por fin encuentro el baño y, cual rito, me miro al espejo. Qué cara. Éste nunca será mi mejor ángulo. Qué bien me haría una rasurada ¡y por dios, ya debo cortarme el pelo!
Creo que todavía estoy borracho o el escusado se está moviendo en círculo.
Tengo que acostarme otro rato. Salgo del baño y medio-miro a mi alrededor. Hay botellas vacías, ceniceros (demasiados), bolsas de papas y, una mujer tumbada boca abajo, justo al lado de m-i e-s-p-a-c-i-o en el piso. El recuerdo no es menos confuso. Por lo menos ahora sé que no dormí solo.
La señorita (¿será señorita?) se mueve, me mira para después taparse la cabeza con “nuestra cobija”. Por su cara juraría que también le duele la cabeza.
Qué fea es.
Al mismo tiempo que me rasco la cabeza (tengo la manía de rascarme la cabeza justo antes de hacer cualquier cosa) camino evitando los obstáculos, ahora no sé cómo llegar hacia el lugar donde dormía. Opto por el sillón. Me preguntaba por qué no había dormido ahí en lugar del suelo. La respuesta llega en cuanto lo alcanzo, es igual de incómodo, pero más chico.
Mi lengua tiene ese ya conocido sabor a centavo, y ahora es el sillón el que se mueve en círculos. Empiezo a recordar lo que pasó anoche, y por lo mismo prefiero semi-acomodarme para intentar re-dormir. Sé que no estoy en condiciones de entender lo que pasó. Sé que no me va a gustar lo que Pepe Grillo tiene para decirme. El sillón sigue haciendo círculos, la cabeza también, pero hacia el otro lado. Tengo un extraño zumbido en los oídos. Así no es fácil quedarse dormido.

lunes 4 de agosto de 2008

Sensacional de Tarjetas de Crédito (I)

O lo que tienes que aguantar por tener dinero plástico


Contexto: Un domingo cualquiera. Estrenando tu primera tarjeta de crédito. "la fabulosa solución a todos tus problemas" (sic del agente de servicios del banco que te prometió bajar la luna).

Vestidito, bañadito y perjumadito, sales para tu bien y bonito día de shoping... (la neta es que me encanta la palabra)


Pasas al Sangrons por unos libros que viste ayer, y nomás están dos de los que querías, bueno ni modo, y pus vamos a estrenar la "tarjetita-abretodaslaspuertasalmundo" y zas, zaz, el primer tarjetazo.

(Entre tus mas recónditos miedos está el que, estés frente a la señorita de la caja, le extiendas la tarjeta con aires de hombre de mundo, levantes la ceja con desden, sonrías levemente... Y la señorita te diga - "hijole jovenazo, pos hora si que sta cabrón, porque su madre ésta no pasó, se me hace que no tiene crédito, no tendrá usté ai pa' pagar en cash?". Putamadre, ay no mames y justo cuando este bomboncito está a mi lado esperando en la fila, y chingue a su madre tu sonrisa, tus aires de mundo y tu ceja levantada que ahora se convierten en dos ojazos bien abiertos, porque sabes que tampoco traes "cash" y pus nimodo, habrá que devolver el articulito en cuestión y emprender la estratégica retirada a discreción...)

Total que el primer zablazo a la tarjeta no tiene problemas... (aires de mundo para recibirla, firmar el vaucher y devolver la pluma..., qué galante, qué hombre, qué seguridad de movimientos , qué barbaridad... Si estás hecho pa' esto me cai, y eso que te cagaban las tarjetas y los mamones que pagaban con ellas...)
Ya con los libros en la mano y la seguridad en la nalga (dentro de la cartera por supuesto), te invitas un cafesito, te lo mereces, un rico cafesito pa' tomártelo bien despacito mientras te revientas la contraportada y el prólogo del librito que compraste...
Al terminar pagas con todo el cambio que traes en el pantalón (porque pagar un pinche café con tarjeta ya es demasiado) y te decides, ahora sí, a empezar deveras tu shopin (sera que termina con "g"? Shoping, o asi se escribe aquí, en las altas eferas?... Mmmta, no sé pero cómo me gusta la palabreja esta)
Total que para no hacerles más largo el cuento. Entras al Mall (wow qué hombre...) Y vas con tu carrito, ya con tu shoping (chulada de palabra) a la caja 3 y zaz, zaz... El segundo gran zablazo de del dia... Otra vez te ataca la misma pesadilla del "pinchepobresincredito" pero de nuevo sales bien librado del asunto...
Sales con tu carrito lleno de pendejadas (porque, pa colmo, nomás compras puras pendejadas) y encuentras un cajero a la salida del Mall (que mamon se oye eso, verda?)

Y te dices a ti mismo... Con ceja levantada y postura reflexiva "mimismo, voy a checar cuánto tengo en la tarjeta porque tengo que medir mis gastos, no vaya a ser lademalas y pierda el control de mis gastos (si acaso lo has tenido alguna vez...)


Introduces la chingadera esa en la maquina aquella, digitas tu nip, lo digitas de nuevo porque a wuevo te equivocas, y procedes a pedir el saldo que esperas todavía sea lo suficientemente holgado...
De pronto, a la máquina esa se le apaga la pantalla, se le prende y aparecen unas letras que te dicen no sé qué cosas. Te imprime un papelito y te quedas con cara de pendejo frente a la maquina -"pos ora, ¿qué paso?".
La pantalla regresa a su imagen original dándote la bienvenida como cliente e invitándote a introducir tu tarjeta por el orificio aquel... -"¡¡¡cuál tarjeta!!!, si tu la tienes babosa!!! (le gritas a la máquina) no manches!!! ¿¿¿y ora que...???
Checas el papelito que amablemente te informa que tu tarjeta (ha chingado a su madre) ha sido retenida por cuestiones de seguridad y blablabla... Y muchas gracias ha sido un placer atenderle...

Beeendito...
¿Y ora?
¿Qué paso??
(tú sigues con tu cara de pendejo frente a la madriola esa, todo ha sido más rápido que tu entendimiento, aunque, bueno, hay que aclararlo, muchas muchas cosas son más rápidas)


Obviamente vuelves a leer el papelito nomás pa checar si no leiste mal y seguramente dice: no se preocupe usté joven, todo ha sido un malentendido, en unos momentos le devolvemos su tarjeta y puede usted continuar con su maravilloso dia de shoping...

Tomas el telefono celular y marcas el mentado 01800... Donde te contesta un muy amable ejecutivo del banco al cual le armas tal panchote, que los empleados de la tienda llaman rápidamente a los de seguridad para seguir atentamente tus pasos...
Gritas, blasfemas, mientas madres y hasta dices "tontito" dos veces... Hablas hasta que el crédito del celular se agota. Cosa que te encabrona mas todavia, (son mamadas, como que se me acaba el crédito si éste es un número gratuito, por eso es 01800!!! Carajo!!!)
El señor de seguiridad mas plantado te recomienda que le bajes a tu desmadrito puesto que tanto clientes como empleados empiezan a asustarse...por la amable forma de pedir del señor en cuestión (cara de pocos amigos y una mano en el rociador de gas) comprendes que es mejor sonreir amablemente y pedir disculpas...


El gerente de la tienda decide prestarte su teléfono para hacer las respectivas aclaraciones con el banco. Lo cual, al final de cuentas, sirvio para que:
-Hablaras cuatro veces al banco.
-Contaras la historia completita cuatro veces más
-Te pidieran, en todas y cada una de esas cuatro llamadas, todos y cada uno de tus datos, (hasta el nombre ultrasecreto del osito de peluche que usas todavía pa' dormir: "Rapsonico" que, aclaremos, es tu contraseña de todos y cada uno de tus asuntos virtuales)
-Te colgarán el teléfono cuatro veces después de advertirte cada uno a su modo que lo harían si no te serenabas un poquito... (lo cual, a su vez, obviamente te emputaba un poquitito más)
-Cada uno de los "ejecutivos" te diera una version diferente de lo que pudo haber pasado a tu tarjeta; desde que en tarjetas nacionales eso tenía que pasar a huevo, hasta que debio ser una falla de luz y sería recomendable que usté se parara frente al cajero una media hora pa' ver (si de milagro) la cajita esa decide (escupir) emitir tu tarjeta...

Al final de todo el teatrito, casi una hora después, los resultados son: un hombre sin tarjeta (llamémosle yo), dos bolsas llenas de despensa, dos cajas con articulitos innecesarios pero menos importantes, cinco encabronamientos seguidos, un gerente muy amable, dos empleados preocupados, un guardia de seguridad que te asignaron por aquello de los nervios, un peso con cincuenta centavos en la bolsa derecha del pantalon, un celular sin crédito, un estómago vacío, dos libros (nuevesitos) los nervios crispados y 45 cuadras de distancia a tu casa...

Después de discutir con el gerente lo poco usual de la situación, amablemente te presta 50 pesotes que todavía no terminas de agradecerle pues con eso alcanza pal taxi y pa' meterte cualquier madre al estómago...
Agradeces a todos los presentes por aguantar (y divertirse con) el "numerito", y con una sonrisa de esas que dicen: sí, soy un pendejo pero muchas gracias por tolerarlo, tomas un taxi que, misteriosamente, te espera a la salida del estacionamiento.
Al llegar a casa, bajas las cajas, las bolsas, la dignidad y... ¿¿¿los libros???, ¿¿¿los libros???
Putísima madre, los pinches libros han decidido quedarse en el chingao carrito del super y no abordar contigo el taxi.
419 pesos con 50 centavos (el costo total de los libros) se van por el caño, tal como se va la caca cuando jalas la palanquita del water...

(éstas son mamadas)

Profesiones varias

Hasta donde yo recuerdo, aunque francamente lo he pensado más de una vez, jamás me he quejado de la profesión de la gente que conozco. Si quieren contar dinero ajeno, calcular la pendiente de la vía láctea, conocer el clima de la Patagonia, saber cómo se reproducen los cangrejos, comprender por qué los políticos existen, decir que la realidad es un constructo social, tratar de resolver problemas que no son suyos, dividir a la gente en clases sociales o saber en qué consiste la penicilina, son cosas que me valen un pepino. Al fin, siempre es bueno oír distintas opiniones de lo que la gente dice que sabe. Y entonces, por qué tanta preocupación y tanta cautela con la mía. Media docena de sujetos me han dicho más de una vez: te voy a contar algo si prometes que no lo vas a publicar mañana. Y qué si lo hago. Si una tal Ema Bovary no hubiera conocido a un tal Flaubert no sería famosa, de hecho hubiera sido una casquivana cualquiera. En cambio, por esa bonita coincidencia, ahora hasta la bandera de las feministas es. En cada pequeña doncella vive una Ema escondida (en cada doncel vive un Emo, pero eso es otra cosa), en cada grito de emancipación Ema surge de lo más profundo de su ser para decir como Mel Gibson (también con faldita y enseñando muslo): ¡Freedom! Entonces, hasta deberían agradecer que uno los inmortalice. Además, jamás les pongo nombre, así que ni que fueran tan evidentes, ¿o sí? Ustedes cuenten, cuenten, que yo nada más callo, veo y escribo.

domingo 3 de agosto de 2008

Batalla anti-spam

Desde que tengo una cuenta de correo electrónico me he acostumbrado al asunto del spam. Antes, inocentemente pensaba que yo era el único que sufría de estos males por suscribirme a un montón de pendejadas. Después supe que es uno de los comunes infiernos del mundo virtual. Cada día me llegan docenas de correos diciéndome que si doy click aquí seré millonario, que Bill Gates ha decidido donar su fortuna. Hace meses que espero mi cheque de varios cientos de miles de dólares. Cada día me escribe una tal Karen Parkson diciéndome que yo, nadie más que yo, estoy a nada de ganar el último concurso de Riders Digest. Claramente, soy pobre por estúpido. La verdad es que ser rico me da hueva, no sabría qué hacer con tanto dinero.

Ni qué decir de las cadenas, que detesto con toda mi alma. Ya recé 12 aves marías por la paz del mundo, salvé a las ballenas, firmé 14 veces para que el imbécil de George Bush detenga su estúpida guerra, firmé 8 para que destituyan al gober precioso, lloré a mares porque me he olvidado de Dios, le mandé de regreso a mis 900 amigos el mail que me enviaron diciéndome que soy su amigo también y los pienso cada día y he visto más mujeres desnudas que el dueño de playboy. Lo que me parece verdaderamente extraño es que, a pesar de todo eso, espiritualmente no me siento mejor, las ballenas siguen extinguiéndose, los gringos no saben qué hacer con Bazora, el gober precioso sigue inaugurando eventos públicos, Dios sigue sin aparecer en ningún lado, mis 900 amigos no aparecen cuando les llamo y las mujeres desnudas ya no me provocan una erección.

Hace algún tiempo que, entre todo, me llega también, con puntualidad inglesa, un mail cada día de una página de encuentros. Chilenas, mexicanas, brasileñas ofreciendo sus encantos para que yo les tire un lazo. "Soy linda, cariñosa, entregada" (traducción: soy fea pero buena gente); "Busco hombre trabajado y de buenos sentimientos" (traducción: busco un obrero calificado). También hay otros que dicen: "Soy caliente, busco nuevas experiencias" (traducción: soy virgen, ya no lo soporto); "Busco hombres dispuestos a todo" (traducción: quiero boda, 2 niños, 2 perros, un jardín enorme, un tipo que pague todo). Los hombres, que somos inocentes o pendejos, nos lanzamos cual perros tras la presa. Al cabo de varias desilusiones, regresamos a nuestro bodrio tlaxcalteca que, después de meses de súplicas, decide querernos un poco.

Como parece que en estos casos, lo que una mujer busca, sobre todas las cosas, es un hombre sincero, después de varias correcciones a mi perfil decidí mandar el siguiente mensaje: Mido menos de 1.60, era flaco (empiezo a ya no serlo), moreno no claro, ojos grandes enturbiados de malicia, nariz y boca prominentes, la parte izquierda de mi cuerpo no es simétrica a la derecha y no soy deportista. Fumo una cajetilla diaria, bebo socialmente y a solas, soy neurótico y bipolar. Mi algarabía se transforma en un segundo en una ira incontenible y quiero asesinar a los 12 pendejos que me rodean. También soy (muy) inteligente, suficientemente culto y con buena conversación, aunque a veces un poquito aburrido. Soy creativo, lo sexual incluido, aunque mi pene es pequeño y eyaculo pronto. Busco mujer inteligente también, con buena conversación, que guste de debates sin solución, que sufra de insomnio y que prefiera el sexo a los dolores de cabeza nocturnos.

Después de esperar por 2 semanas, trato de ser paciente. Lo que es cierto es que debió de haber funcionado de algún modo, porque cada día me llegan varios mails ofreciéndome viagra, retardadores y alargadores para mi pene vergonzoso.

domingo 27 de julio de 2008

Lecciones de responsabilidad

La primera vez que me apareció un letrero que decía: "¿Eres mayor de 18 años?", di aceptar sin ninguna culpa, pues pasaba de los 20. Así que nunca supe lo que pasaría si aceptaba de todas maneras con 17 años encima. Creo que cualquiera sabría qué hacer, incluso uno de menos de 18. Aunque claro, si aquel menor fuera atrapado en flagrancia diría algo así como: "Yo no sabía lo que hacía, sólo tengo 17". ¿Ustedes le creerían? Sé de algunos padres inocentes; por fortuna, yo no soy padre y parece que tampoco tan inocente, por lo menos en esos casos. De cualquier modo me encantaría encontrarme a alguien a quien pudiera decirle: "Perdona, es que sólo tengo 30", y me contestara con infinita ternura: "Lo sé, lo sé, no te preocupes, no pasa nada". Pero no, esos días hace tanto que pasaron que ya nadie me disculpa porque yo no sepa qué carajo hacer cuando se descompone la lavadora o se rompe el cristal de la ventana y hay que barrer los restos del acontecimiento. Ahora resulta que tengo que saber cómo diablos convertir en comestible el montón de paquetes cuadrangulares que se esconden en el refrigerador. Hay quien dice que eso es ser responsable, yo guardo profundas dudas al respecto. En tanto, seguiré escribiendo hasta nuevo aviso. Espero que cuando vengan los reproches alguien me crea cuando le diga que empecé a los 17 y me exonere de toda responsabilidad.

jueves 24 de julio de 2008

Crónica de una desilusión anunciada

Como todos los chicos del mundo, a los 15 años, mi mayor sueño en el mundo era conducir un flamante auto por las carreteras del país acompañado de una chica como Mónica Bellucci que me miraba como un héroe mitológico mientras yo le sonreía seductoramente. Tuve que esperar 15 años para la llegada de aquel automóvil.
Con un poquito menos de ilusión que 15 años atrás (claro que, si se considera que en aquel entonces la ilusión era una orgía emocional, decir “un poquito menos de ilusión” no significa de ningún modo que no estuviera pletórico de alegría), llegué a la agencia a firmar los papeles que me comprometían por los próximos 3 años a pagar cada mes hasta el polvo de los rines. Salí conduciendo con el tiempo suficiente para llegar a la gasolinera y decir como todo el hombre de mundo que soy: Hasta el tope, por favor, mientras miraba en el retrovisor mis recientemente adquiridos lentes oscuros.
Como soñé años atrás, aceleré en un alto para que el motor rugiera, miré a las chicas que pasaban esperando una mirada que se cruzara con la mía para hacerle la seña de subir a mi lado, sonaron a todo volumen canciones de mi disco más entrañable y me di el lujo, por primera vez en mi vida, de decir a mis amigos después de una reunión: ¿Alguno quiere un aventón? Daría la vida entera por volver a ver esa cara otra vez.
Pero ya se sabe, ya se sabe, nada es para siempre. En pocas semanas ya había pasado por 15 baches que deshicieron los amortiguadores, 3 rayones decoraban los costados y el olor a nuevo se había desvanecido. Entre el seguro, la mensualidad, la gasolina, el aceite, los viene viene mis finanzas iban en descenso irremediable. Acostumbrado a llegar a todos lados a través de rutas de camiones, muchas veces me perdí y tuve que ir detrás de aquellos para encontrar el camino.
Luego de varios meses de llantas ponchadas a media vía rápida, mentadas de madre en cada esquina, vueltas prohibidas, 20 vueltas a la manzana para encontrar lugar para estacionarse y otras cosas bellísimas, llegó el día del accidente. Como se adivinará “no fue mi culpa” sino de la señora gorda de la camioneta enorme que no sabe manejar. Mi coche quedó hecho pedazos y fue pérdida total. Cuando llegué con la aseguradora, me dijeron que el monto de mi seguro alcanzaba para cubrir las mensualidades que debía y que sólo restaban 800 pesos. Me entregaron el cheque que cambié en el banco de la esquina después de una fila inmensa. Un taxi por 100 pesos me llevó hasta mi casa. Los otros 700, los gasté ese mismo día en una borrachera sin precedentes.
Hoy, sin coche, obeso como nunca (porque desde hace meses mi único ejercicio era de la casa al coche, del coche a la oficina, de la oficina al coche), sin dinero y con una derrota más en mi trasero, escribo esta nota entre los tumbos que da la ruta 33 y que me provoca una caligrafía horrenda. En los ocho meses que duró mi aventura de conductor, Mónica Bellucci nunca subió a mi lado. La única mujer que fue copiloto un día fue una venerable anciana que recogí por piedad cuando me recordó a mi madre. Tenía mal carácter y no, no me miró nunca como un héroe mitológico. Cuando bajó no me dio ni las gracias. Tal vez el error fue mío, porque tampoco le sonreí seductoramente.

miércoles 23 de julio de 2008

Personalidad múltiple.net

Como todo lo de la vida real ha pasado a lo virtual, mi problema de personalidades múltiples también. Aquí el reconocimiento de varias.
La primera es la personalidad msn. Ésta parece la más aceptada. Es platicadora, dicharachera y, lo que parece increíble, hasta simpática. Creo que por eso la gente le habla bastante bien, entre risas y chistes varios.
La segunda es la personalidad investigadora, que se la pasa buscando cosas como: la manera en que se defienden los pulpos o por qué lloran los cocodrilos o cuántas horas son de aquí a Europa y de regreso. Ésta también incluye la ociosa game, que juega pendejadas on line con gente que no sabes si es gente, máquina o qué cosa.
Luego estaba la personalidad Mr yahoo, o sea, la que escribía mails. Aquí empiezan los problemas. Los mails que escribía aquella eran de diversos tipos, no incluía cadenas, que le cagaban, y a veces se parecía a la msn, pero muchas veces existía para contar cosas en tono de melodrama y otras que se deshacían de tan cursis. Agonizó el día en que apareció otra y la sustituyó: la personalidad Blogger.
Hela aquí. Además multiplicada en sí misma y divida en 3 (o tal vez 4). Una se burla de la vida, otra llora como magdalena por ella, la tercera recomienda libros, películas y música. La cuarta aún no se sabe lo que es, está en sus primeros pasos.
Las ganancias y las pérdidas son las siguientes:
—Mi pobre lectora de mails (porque hay que confesarlo, sólo era una) ha descansado un poco de tanta monserga mía. Espero que eso sea ganancia.
—Ahora la monserga se hizo pública y triplicada. Pobres, indefensos, curiosos y desconocidos visitantes pasan por aquí de vez en cuando, por casualidad o por masoquismo, y gastan minutos valiosos de su tiempo en leer putadas seudoliterarias. Con franqueza no sé si esto lo podemos poner en las ganancias o en las pérdidas.
Virtualmente, la Historia juzgará.

De película

Hace algunos meses, tratando de hacerme la vida más entretenida, y acostumbrado a la vida en renta, también renté el servicio de cine, o sea, una de esas membresías donde por 100 pesos al mes puedes entrar cuantas veces te dé la maldita gana. Nunca pensé que estás dos palabras (maldita y gana), fueran el inicio de nuevos sufrimientos.
Esperé casi un mes para que me entregaran mi tarjeta, en eso días me perdí de varias películas que quería ver, pero mi pobreza (o mi tacañería) me hizo esperar, aunque no con mucha paciencia. Por fin la tuve. Ese día me vi 3 películas en un solo día, volví al siguiente y al siguiente. Así por 2 ó 3 semanas. Pero nada es perfecto.
Para la cuarta semana, las películas de mi interés eran una o dos por semana, aunque había la promesa del verano que, según me contaban los que sabían, era la gran temporada del cine. La esperanza me llenó de ilusión. Entre tanto vi algunas cosas interesantes que valieron la pena. Cuando se acabaron las opciones, empecé a ver cosas como “Amor en las vegas”, “déficit” y cosas peores. Me reía a veces.
Mis neurosis volvieron a perseguirme. Descubrí que el miércoles es mal día para ir porque llega gente al 2 X 1, así que los pendejos se multiplican, y en pareja, que es lo peor. El novio le explica a la novia, entre susurros y besos, la película en cada escena y ella, que es, o se hace, pendeja, escucha todo con veneración. Para sumarme al populus traté de hacer lo mismo. Claro, no funcionó. Mi vocación de maestro tiene un límite y, en todo caso, espero alumnos con un poco, si no de inteligencia, si de imaginación (eso es bastante difícil de conseguir, por eso dejé de dar clases, excepto a un par de personas que se han ganado un poco de mi respeto). La solución era sustituir lecciones de cine por besos pero, como en esos casos soy cuadrado cual alemán, prefiero ver la película y dejar los besos para mejor ocasión. Con esta filosofía mis compañeras de cine me abandonaron a falta de explicaciones y/o besos. Así que el miércoles salió de la lista y regresé al café.
Después eliminé el domingo también. El olor a “nachos”, palomitas y cosas peores, más la voz idiota de un tipo con mujer y 4 hijos que le explica a toda la familia, según su “docta” versión, de qué va la película, mientras los niños repiten cada 2 minutos, Por qué papi, por qué, me hizo estar a punto de hacer realidad mi instinto de asesino en serie. Para evitarme problemas con la ley, decidí quedarme en casa.
Los demás días son soportables, pero el lunes no puedo ir (por la mencionada vocación de maestro), el martes tampoco (por mi no mencionada vocación de alumno) y el viernes me volví borracho profesional. Así que solo quedan jueves y sábado. Y estos dependen de que haya algo decoroso que ver. Sigo esperando que la promesa, que comienza a parecerme falsa, de que el verano trae lo mejor del cine, se cumpla. Por favor señores, tengo que desquitar de algún modo los 100 pesos que pago al mes y, sobre toda las cosas, tener un poco de pasiones en esta vida aburrida y fanfarrona. Sería lindo que me regresaran las malditas ganas, del cine o de algo más.

viernes 18 de julio de 2008

Venganzas literarias

—¡Ah, una novela!¡Cuéntamela, por favor!
No sin tropiezos, comencé a intentar contarle el argumento. Un pintor en busca de encontrar el sentido de su obra y al mismo tiempo de la vida misma mientras sostiene una relación tormentosa con una mujer que lo abandona cada tanto pero que regresa siempre, hasta que al fin un día. Me costó casi 10 minutos darme cuenta que por lo menos hacía 8 que no me hacía ningún caso. Seguí hablando un poco más, poniendo énfasis en ciertas palabras para ver si lograba alguna reacción. Nada. Ella me estaba mirando, atentamente. Era lo único que hacía con atención. En realidad tampoco me miraba, pero parecía que sí. Hice una pausa a propósito. Sigue, sigue, me dijo con un falso entusiasmo que sacaba de quién sabe dónde. No me acuerdo si le conté todo o empecé a contar otra cosa mezclándola con el argumento original. Me acordé de una novela de Carlos Fuentes, creo que la región más transparente, donde un escritor encontraba una nota de su amante donde le decía a otro algo más o menos así: “Amor: pronto estaré contigo. Los escritores sirven para tener ideas de lo que luego haré deveras contigo”. La cita no es exacta, así la recordé. No sé lo que pasó después; creo que me aplaudió emocionada. En venganza, no me la cogí nunca, aunque la llamaba dos o tres veces por semana para contarle más y más detalles de una novela que estaba llena de imprecisiones. Aceptó ir conmigo muchas veces, hasta que un día.

Puñales que no hieren

Hace ya tiempo que conocí a Andrés Calamaro por otras influencias. Me encantaba oír y cantar aquel estribillo de:
"Flaca, no me claves
tus puñales
por la espalda
tan profundo
no me hieren,
no me hacen mal".
Era feliz cantando aquello hasta que una perversa amiga me hizo notar con punzante sarcasmo:
-¡Ay, querido! Si no hicieran mal no habría canción y mucho menos la cantarías.
Me quedé mirándola con la cara de lo que en realidad soy: un perfecto idiota.
Y ya no le dije nada.

domingo 13 de julio de 2008

Viva sin drogas

Hace tiempo, pasaban en la tele un comercial donde un fulano se quedaba dormido con su churro de mota en la mano y el colchón comenzaba a incendiarse mientras aparecía un slogan que decía: vive sin drogas.

Pero inconsciente como es uno, no hace caso. Así que tengo la bonita costumbre de fumarme un cigarro (de tabaco) antes de dormir. Y pues sí, como la realidad supera a la ficción, que me sucede.

Mi insomnio, que es mucho y diario, me ha salvado siempre, pero unos cuántos whiskys hicieron el milagro de dormirme a la segunda fumada. 5 minutos después me despierta un humo mayor que un habano y una pequeña flama que anuncia catástrofes varias. Entre sueños, apagué como pude aquel conato de incendio y seguí durmiendo plácidamente. A la mañana siguiente, encontré un enorme agujero en el colchón y en la cobija, varias neuronas muertas y entonces me prometí no volverlo a hacer. Con una advertencia basta.

Así que ando buscando una mesita de material no flamable que pueda acomodar en la orilla de mi cama. Y como estoy decidido a vivir sin drogas, mañana a primera hora cancelo todas las putas tarjetas de crédito que ya me tienen hasta la madre. Así que seguiré con mi colchón agujerado, sin remedio. Lo de la mesita la pago al contado por si alguien tiene una.

martes 8 de julio de 2008

Homo erectus

En un acto de imprudencia, se me ocurrió confesar a alguien un día:

—Me siento solo.

—¿Y cómo es la mujer que buscas? —me contestó.

Ay, madre mía. ¿Pues que una declaración de soledad implica siempre a una vieja? Claramente uno tiene necesidades físicas que cubrir, que se van subsanando de la mejor manera que es posible, pero de ahí a querer una riña cada vez por el sabor del helado o elegir el lado de la cama (lo cual ya implica que no hay uno sobre otro) o cómo repartir el pinche salario entre dos, hay una distancia de aquí a Marte y de regreso.

¿Y quién dijo que uno "busca" a una mujer? En el mejor de los casos —o en el peor de ellos— la encuentras de pronto. Tal vez la confusión venga de nuestros ancestros mayas que usaban el mismo verbo para ambas cosas, o de mi incertidumbre en italiano que aún no logra resolver cuál significa qué entre trovare y cercare.

¿Y qué entenderá la gente por soledad? O peor, ¿qué entiendo yo? A lo mejor entre esas raras enfermedades confusivas mías (como diría cierta colega a quien hay que reconocer el crédito de la frase para que no haya queja después) está mi falsa definición de aquello.

Claramente, la mía incluye también, y sobre todo, ausencias intelectuales que son difíciles de llenar aunque, claro, parece que soy el único que parece preocupado por esto. Para el resto creo que las caderas ganan siempre la partida.

Después de toda mi monserga, me miró como bicho raro, con una compasión infinita. Con voz confidente y una palmada en el hombro de complicidad, me contestó:

    —Te entiendo, amigo, no es fácil salir del clóset.

    Una vez más, la teoría comprobada. Hay en el ambiente una soledad insoportable.

Conspiraciones cósmicas

Eso me pasa por andarle haciendo caso a la gente. Todo porque alguien me convenció de conocer a una conductora de radio para no sé qué proyecto que me interesaría. ¿Pues no habíamos dicho ya que se evitaran a las conductoras o que, en su defecto, les mantuviéramos la boca cerrada? Pero no. Llego yo, con mi cara —y todo lo demás—, de malparido a buscar a una cierta fulana de tal que me esperaba sonriente en la mesa de algún café conocido. Supe entonces cuál era aquel proyecto "que me interesaría muchísimo". Su cara llena de ilusión la delató al instante. Acostumbrado a estos avatares femeninos, la saludé familiarmente, como si nos conociéramos de toda la vida. Me pedí una cerveza y me senté a escuchar cómo se vendía sin pudor alguno.

Lavaba ropa sin guantes, con guantes no es lo mismo — ¿pensará lo mismo sobre otras cosas?—, era muy cariñosa, siempre atenta y hacía un caldo de camarón para chuparse los dedos que algún día en su casa tendría que probar (¿?). Las cervezas siguieron corriendo y los escotes se aflojaron un poco. Los toques en el brazo y en la pierna se volvieron recurrentes. Me mostraba, "casi sin querer", que sus mejores encantos eran una par de senos protuberantes. Bromas sexuales de varios niveles acompañaban la amenísima charla mientras yo trataba de reírme y participar en una conversación que no me hacía la más mínima gracia. Las clases de actuación tienen sus ventajas, no cabe duda.

Y para colmo de mis males, leía. Putísima madre. De un enorme bolso sacó un libro "fantástico" que hojeé mientras ella iba a tirar la mitad de las cervezas que llevábamos y que no sé si pensaba pagar. Frases célebres como "ve y hazlo", que Nike descubrió bastantes años atrás, y "si algo va a salir bien, saldrá bien", antítesis de la ley de Murphy, me hicieron pensar que por lo menos para ella, en ese preciso instante, todo debía de estar saliendo perfecto a causa de las cervezas.

Cuando regresó ya me imaginaba el resto. Me habló del maravilloso contenido de aquel mamotreto y de otros del estilo. Por qué, por qué. Qué he hecho yo para merecer esto. Imploro a dioses conocidos o desconocidos, a demonios cristianos, paganos y de los otros. Otra vez el universo volvió a conspirar, pero no como la prédica de aquel falso profeta, sino para mi infelicidad y mi desasosiego. Plutón (que ya ni siquiera planeta es) orbitó en la constelación del pinche alacrán ese y resulté, según mi carta astral, de una energía inusitada que debí de haberme gastado previamente en la última corretiza al camión porque ahora ya empezaba a contener el bostezo. Supe mi coincidencia de mi signo con el suyo y de las cualidades de las que veníamos provistos desde el inicio de los tiempos.

Asentí, sonreí calladamente. Dudé de las propiedades afrodisiacas de su caldo de camarón y al final, casi al borde del delirio, sin proyecto radiofónico de importancia, dije para mis adentros, y luego para mis afueras: ¡Pero por qué no te callas!

No sé por qué la gente cree en tanta patraña. A estas alturas de mi vida, no creo ya ni en Dios ni el diablo ni siquiera en la Vía Láctea.

Dicen mis detractores que me obstino en cultivar mis neurosis. Pues bien, tal vez tienen razón, pero ¡Y por qué no se callan!

martes 10 de junio de 2008

Días Nublados


Éste es uno de esos días de sábado en que uno no desea otra cosa que quedarse tirado en la cama, en posición fetal, tratando de mantenerse en estado catatónico el resto del día. Pero basta que uno tome tales decisiones para que todo se vaya a la chingada de inmediato. Las 9. Suena el teléfono para comunicarme que en este momento han decidido cortarme el servicio por falta de pago, al mismo tiempo un mensaje en el celular avisando que si le pongo crédito me dan el doble. Ironías de la vida. Va uno al refrigerador y descubre lo mismo que la noche anterior: no hay ni madres. Para colmo, cajetilla vacía. Bien, bien, vamos muy bien. Me pongo lo primero que encuentro —sí, sí, el mismo pantalón de siempre, la misma camisa, soy un retrato ¿y qué?—, y salgo a la calle a buscar en un oxxo el menú del día: maruchan, jugo, pizza de microondas y reposición de cigarros. Reflexión: nunca tener una novia nutrióloga. Se borran 2 teléfonos del directorio para evitar tentaciones. La sopa instantánea una mierda, como siempre. Regreso y vuelvo a enterarme que no tengo sky —nunca he tenido y todavía no sale una suscripción a 0 pesos para un montón de escritores pendejos que lo pidieron—, así que miro aquel programa de revista donde sale una apócrifa cantante de buenas carnes que ahora se ha vuelto conductora haciendo acopio de toda la estridencia de su dulce voz. Reflexión 2: No tener novia conductora de televisión. Esta vez no hay necesidad de borrar ningún teléfono. Reflexión 3: Rectificación: Dado el caso, podríamos intentarlo siempre que le mantengamos cerrada la boca. Rectificación de la rectificación: Sospecho que es imposible. Ideas varias. Después trato de que la ducha me despabile. Salgo a la calle con la esperanza de la aventura, tal vez hoy la realidad supere a la literatura fantástica y me encuentre inmerso en la historia sin fin, en el aleph o en un monasterio con Jorge de Burgos comiéndose un libro de Aristóteles. Si nada de esto ocurre, con algo por contar me conformo. Reflexión 4: Chica que haya entendido lo anterior. El directorio comienza a quedar vacío. Calle, gente, mala película, café con crema y una plática con alguien que me vuelve a repetir por vigésima quinta vez el único tema que domina. Reflexión 5: Mujer con más de 3 temas y/o buen sexo. Regreso a casa. Reflexión 6: Hombre, mujer o bestia con más de 3 temas. Lo primero es tan difícil como lo segundo. Reflexión antes de dormir: Por qué carajo el directorio se ha quedado vacío. Reflexión entre sueños: Escribe un blog, así no le pides a nadie que te responda las cartas y en venganza puedes joder anónimamente la vida de varios al mismo tiempo.

domingo 1 de junio de 2008

Benvenuto in Messico, il prossimo impero

Como parece que últimamente estoy influenciado por las críticas y las acusaciones (¡no! ¿En serio?), me ha venido a la cabeza aquella cosa de mi presunto malinchismo. Nada más porque llevo años aprovechando cualquier oportunidad para hablar de mis intereses internacionales que evidencian mis múltiples eufemismos sobre cierta persona que me ha sorprendido gratamente. Entonces todo mundo supone que, por una sola muestra, me creo el cuento de que ingleses, franceses o italianos usan mejor las neuronas. Aclaración: La estupidez no conoce fronteras. Claro que de este lado del mundo, Elba Esther, Televisa y Carlos Cuauhtémoc Sánchez no ayudan mucho para que por lo menos los planes de educación mejoren —un poquito nomás— el mejor uso neuronal, pero eso no significa que no exista posibilidad de que alguno del otro lado nos mire con ojos de ratón sorprendido cuando descubre que, debajo del penacho de Moctezuma, también uno conoce ese misterioso proceso llamado pensar.
Gracias a cambios sustanciales que la crisis de los 30 y otros males me han exigido, he regresado a mis andanzas de salir de la ciudad en cuanto puedo para bumburizar un poco. Como tenía una reunión en la Universidad de Xalapa para tratar con alguien sobre ciertos asuntos literarios, he aprovechado la oportunidad para hacer un pequeño tour cómico-mágico-musical. Así que, después de mi reunión en sospechosos tintes intelectuales infructuosos, he aprovechado para estar en Tajín al día siguiente. No cabe duda que el asunto piramidal es algo fuera de serie y en los últimos años, por querer mirar hacia otro lado, me he olvidado un poco de estas cosas increíbles.
Así que ahí me tienen tratando de llegar hasta la cima inalcanzable de una pirámide que los años de fumar impiden. Recuperado a medias del sofoco, mientras entre nubes veo que la realidad otra vez vuelve a tomar forma de nuevo, distingo a un grupo de 6 chicos —3 y 3—, que hablan un idioma que recién aprendo para mi próxima incursión en las Europas. Interesado por tratar de entender un poco y también con la mala intención de conseguir algún contacto en el futuro, que me reduzca la incertidumbre del mencionado viaje, me acerqué a los chicos intentando comunicarme con las 4 palabras que me sé.
— Ciao. Voi siete italiani? —La sorpresa estuvo de mi lado. En seguida voltearon a mirarme con una sonrisa de complicidad.
— Si, si, siamo di Milan. Tu parli italiano? —les expliqué —como pude— que sólo un poco y que necesitaba que me hablaran por sílabas para comprenderlo todo. Suficiente. Me unieron al club.
Como siempre pasa, el interés mutuo por lo desconocido creó vínculos inmediatos. Me preguntaron, les contesté. Les pregunté, me contestaron. De aquella conversación se puede decir poco puesto que está llena de miles de: eh… este… eh… este… non capisco niente… de mi parte y múltiples risas, divertidas para el grupo, desesperadas para mí. Pero nos entendimos como mejor se pudo. ¡Y vaya que nos entendimos! Porque la sustancia de la conversación me quedó clara en absoluto.
Al parecer, todos tenían la teoría de que las pirámides, que acabábamos de ver, fueron construidas por los extraterrestres. En vano quise explicarles. Mi penacho de Moctezuma ganó la batalla ante sus ojos. Cuando renuncié a participar de la discusión y me convencieron con argumentos interesantísimos, comprendí que muy pronto seríamos los dueños del mundo, porque todo era un plan para conquistarlo. Claramente, tan eficaz como los de Pinky y Cerebro. Llevamos 500 años esperando el momento en que, peruanos del Machupichu y mayas guatemaltecos o de Campeche o Chiapas, tomen el control para ser los dueños del universo. Bien, bien. H. G. Wells no era escrito sino profeta. ¿Qué les decía yo de que la estupidez no tiene fronteras? Mis intenciones de sociabilizar y hacer amigos se fueron a la basura. Seguramente, en unos meses, cuando esté en medio de Italia durmiendo en una estación de tren y con dolor en los riñones, porque no tengo dinero para el hospedaje y nadie que me reciba en su casa, voy a odiarme con toda mi alma porque mis orgullos intelectuales no han soportado mantener una relación con seres de esa capacidad neuronal que, a cambio de varias teorías de ese nivel, podrían proveerme de casa, comida y otras cosas mejores. Guardo la secreta ilusión de que, a pesar de todo, todavía exista alguien que me saque del apuro. Tal vez necesito una que otra lección de humildad que la vida se está encargando de darme con saña inaudita.
Mientras tanto, me iré a dormir para hacer mañana lo que hago todas las noches.
— ¿Y qué haremos mañana en la noche, Cerebro?
— Lo mismo que hacemos todas las noches Pinky: Tratar de conquistar al mundo.

Llamadas anónimas

Las notas aclaratorias anteriores han causado mucho más suspicacias que las ya existentes. Para muestra un botón.
Me llama cierta señorita, que en un acto de bondad su nombre no revelaré, y sostenemos la siguiente conversación telefónica.
— ¡Óyeme, cabrón! ¡Tú nunca me has dicho si yo soy inteligente!
— ¿Ah, no? — Estoy sorprendidísimo.
— No, nunca. ¿Qué significa eso?
— No sé, ¿tú qué crees que signifique? — Mi curiosidad transluce una sinceridad pasmosa.
— ¡Ash! ¡Estás más naco que nunca! —Y colgó.
Sospecho que puedo borrar su número de mi directorio sin culpa alguna.

martes 27 de mayo de 2008

Notas aclaratorias


Debido a la enorme cantidad de mails que me llegan cada día —lo mismo para aplaudir lo que uno escribe que para atacar verbalmente—, es preciso hacer algunas aclaraciones que expongo a continuación:
1.- Para los aplausos no tengo más que decir que se agradecen hartamente. Sobre todo en estos días de tormenta tropical en que uno sabe si va o viene o todo lo contrario.
2.- Se me pregunta con insistencia sobre la veracidad de los acontecimientos aquí contados. Señores míos: La realidad siempre superará a la ficción; esto no es ni la mínima parte de la sarta de pavadas que uno tiene que soportar para sobrevivir en este mundo clasemediero, mediocre y falto de razón. Y como este espacio pretende ser una exposición de todo ello, entonces si se identifica, bienvenido. Si no, qué carajo hace perdiendo el tiempo: ¡Póngase a trabajar!
3.- Cierto grupo de señoras/señoritas, me ha acusado, tímida o abiertamente, de misoginia. Tal vez hay una confusión del término. De lo que se me puede acusar, y con justa razón, es de misantropía, que ni es lo mismo ni es igual. Esta última no incluye sólo odio a mujeres, también a hombres, niños y políticos sin importar clase, manía o condición social. Sépanlo ustedes: la humanidad es una bazofia y yo su vocero y representante.
4.- Aunado a lo anterior, el mismo grupo de señoras/señoritas, me ha acusado de que en mis crónicas todas las mujeres son pendejas y/u objetos sexuales.
A ver, a ver, vámonos con calma. Yo nunca he dicho tal cosa. De pendejas, lo más que he dicho es que “odio a las mujeres pendejas”, lo cual no implica que todas lo sean ¿o sí? La humanidad, queridos míos, se divide en mi cabeza en 2 grupos: los medianamente listos y los otros. Entre mis amigos hay uno que otro de la primera especie, mujeres incluidas. No digo nombres para no herir susceptibilidades y vanidades. Las que forman parte de este grupo —lo acepto me sobran dedos en la mano— lo saben porque se los he dicho, las que no, una lástima, suerte en la próxima reencarnación (también podrían darse un paseo por alguna casa de sabiduría de 2 a 4 en que las zapaterías cierran para comer, pero no auguro mucho futuro).
Lo de objetos sexuales eso si está muy interesante. ¡Dios del Huerto! ¡Hacédmela buena! Si cada mujer que se cruza en mi camino lo fuera no estaría perdiendo mi maldito tiempo escribiendo pendejadas y mendigando amores literarios. Sospechen en los días en que no escribo y festejen por mí, tal vez mientras ustedes sufren mi dolorosa ausencia yo ando de party con alguna amiguita con la cual lo último que pienso hacer es discutir su IQ. Además, podrán disfrutar al siguiente día un relato erótico que les provea algo para sus gastadas fantasías aunque, claro, por vanidad, advierto que en este caso la ficción superará a la realidad porque si cuento con veracidad periodística, no sólo perderé lectores sino también varias fiestas.
5.- Se ha insistido en mi insistencia —¡válgame dios!— sobre asuntos sexuales en mis relatos y de hablar de ciertas prácticas impúdicas abiertamente. Masturbación se llama, señoras/señoritas, y para más datos es lo que uno hace con su pene en erección masajeándolo hasta provocar que éste eyacule mientras se imagina uno jodiéndose a Angelina Jolie hasta volverla loca. Las mujeres, que siempre —o casi— son más creativas, suelen usar juguetes varios para estas prácticas (en eso de imaginarse a Angelina Jolie hay pocos cambios). Al parecer, en ambos casos, el cibersexo ha mejorado las cosas. Tengo que confesar mi poca experiencia en el ramo, pero después de algunas provocaciones con cierta doncella hace poco, comienzo a reconsiderar mi ignorante postura.
Por lo demás, no creo que decir “el asunto sexual no mejoró las cosas” o “colección de pantaletas” signifique gran cosa. Además, es cuando regresamos al punto 2 y lamento decirles que se quedarán con la duda para siempre. Está bien, está bien. No hay tal colección y sí, el asunto sexual no mejoró las cosas. Empiezo a tener graves sospechas de que la sexualidad está íntimamente relacionada al IQ de los participantes. De ser el caso, Angelina Jolie debe ser un genio de la talla de Einstein.
6.- La historia de los manteles largos ha provocado algunas filiaciones y todos preguntan: ¿Acaso soy yo? A lo cual respondo con las siguientes cuestiones reflexivas: ¿se considera aburrido? ¿Gordo? ¿Pudoroso? ¿Tiene en su refrigerador la dieta del sol y la luna? ¿La oración de los buenos esposos? ¿Acostumbra comidas exóticas? Si contestó afirmativamente a más de 3 preguntas en breve recibirá sus regalías.
7.- Cierto psicólogo se ha adjudicado el protagonismo del último relato. Claramente sobre ese punto no hay dudas. Sobre los improperios públicos al mencionado sujeto, lo único que puedo decir es que ocultaban mi reconocimiento a su ilustre teoría que he comprobado ampliamente. El mal de amores es como el sarampión: entre más grandecito te da, más efectos colaterales produce.
8.- No sabía que entre mis lectores se encontraba un ejectutivo Axtel, aquella compañía telefónica mencionada en otro relato. Me ha asegurado que ni es gordo ni come pizza. Tendremos que creerle.
9.- Del asunto de los cuentos ya se ha hablado bastante.
10.- Amable lector, no sufra. Seguirá en el anonimato mientras usted así lo permita.

domingo 25 de mayo de 2008

Consejos para ser feliz


—Lo que tú necesitas es que te rompan el corazón —me dijo con esa cara de psicólogo circunspecto que hace para evitar que un tipo como yo verbalice sus pensamientos: Pinche pendejo.
Pero cómo va a ser. Qué necesidad tenía yo de que una perfecta desconocida hiciera, de mi ya de por sí frágil corazoncito, un bistec empanizado. Ya me lo rompe bastante mi editor cada que me hace repetir un cuento como si fuera un niño haciendo planas de la A. Yo, hombre de letras —de cambio—, que he visto más lágrimas por amores perdidos que por un funeral; que he sufrido de vergüenza ajena cuando mis más íntimos compañeros de parrandas se han arrastrado, sin pudor alguno, como unos imbéciles —el del consejo incluido— con tal de que la diva en turno les regale una sonrisa de limosna sin conseguirlo; que supe de una madriza de proporciones cósmicas por robarse a una doncella de buenas carnes y de moral distraída; cómo iba a permitir que un bodrio tlaxcalteca me quitara el poco sueño que aún me quedaba por aquellos días. Así que lo mandé, filosóficamente, a la chingada.
Feliz y convencido, me entregué a los placeres eventuales que me proporcionaban lindas señoritas —la mayoría ni tan lindas ni tan señoritas—, para saciar mis apetitos y los suyos. Coleccioné docenas de teléfonos, varios puntos para el ego y algunas pantaletas. Como buen hotel de paso, el corazón no mantenía a sus huéspedes por más de 3 horas; casi ninguna mereció excepción. Pero un día sucedió, inesperadamente. Le dije hola y no hubo forma de decirle adiós. Cambié los cuentos por las cartas y el hotel de paso por casa con enganche y en mensualidades a plazo fijo. Le prometí, me prometió; le descumplí, me descumplió. Y más temprano que tarde, sin darme cuenta siquiera, me vi arrastrándome por las aceras suplicándole perdón por algo que nunca supe lo que había sido. Neruda tuvo razón entonces: corto el amor, largo —como la Avenida Insurgentes o el Océano Atlántico— el olvido.
Bajé como 5 kilos, tuve miedo de desaparecer y lloré como niño abandonado en el primer día de escuela. Yo solo me bebí la mitad de las reservas etílicas de Jamaica, el insomnio desacreditó adjetivos conocidos, perdí el trabajo, la dignidad, la cartera y, emulando al mencionado Pablo al revés, escribí 20 canciones desesperadas y un poema de amor que se deshacían de tan cursis. Perdidos los amigos, borrados los teléfonos, quemadas las pantaletas, ausente la susodicha y el ego hecho pedazos, cuando el huracán tomo tintes de tormenta tropical, me armé de valor y regresé con mi amable consejero.
—Pues bien, me han roto el corazón, ¿y ahora, qué sigue?
—Nada —contestó con esa cara de psicólogo circunspecto que hace para evitar que un tipo como yo verbalice sus pensamientos—. Sólo tenías que vivirlo, mi rey.
Lo volví a mandar a la chingada. Esta vez sin actitud filosófica alguna. Después, me fui a buscarla a ver si me regalaba, otra vez, una de esas sonrisas de limosna que le salían tan bien y tan lindas.

sábado 24 de mayo de 2008

Lo silvestre de la independencia

Facundo Cabral —sí, sí, aquél que no era ni de aquí ni de allá—, me proveyó, a mis párvulos 13 años, de la justificación que mi pudorosa mentecita católica, apostólica y romana necesitaba en aquellos días. Uno comienza por sentir ciertos y extraños signos de la adolescencia. Un escote discreto en el autobús basta. De pronto aquel órgano —que el pudor lingüístico denomina con nombres absurdos y ridículos—, empieza a dar claras, clarísimas, pero clarísimas, muestras de las emociones que invaden todo mi ser. Cuando eso pasa, parece que todos voltean a mirar y dicen: ¡Ah, mozalbete pervertido! Desde aquella época tome la costumbre de llevar un libro conmigo que leía poco, pero que servía bastante para cubrir esas partes pudendas de mi cuerpo en desarrollo. Con el paso del tiempo aprendí que un libro podía tener también otras utilidades. Por las noches rezaba bastante para suplicar perdones por mis impurezas. Claro, esto después del consabido acto de amor conmigo mismo, para que el arrepentimiento cobrara sentido. Y así viví durante años hasta que llegó la frase liberadora: “La masturbación es la declaración silvestre de independencia”. Y fui silvestre e independiente hasta la saciedad. Luego, seguí siendo silvestre, pero ya no tan independiente porque me conseguí una novia virgen. Así que lo silvestre aumentó en sentido contrario a la independencia. Besos pudorosos y caricias timoratas provocaban que las ansias corporales fueran en aumento y que no bastaran las noches conmigo mismo para saciar los deseos insatisfechos. Por fin sucedió. Una noche puse las manos en el lugar correcto, ella se volvió sexualmente activa y yo me dormí más temprano. Así olvidé aquellas prácticas unilaterales y me convertí en un ser social en toda la extensión de la palabra. Quién me iba a decir que una noche regresaría a mis prácticas olvidadas. Después que la última mujer en mi vida decidió abandonarme para practicar con otro lo que yo había escrito en un relato erótico, arribé al terrible estado de la castidad forzada. Mientras duró la tristeza, viví conforme a mi pena, luego pasé mucho tiempo en la espera de un no sé qué con no sé quién que, ya sabía, también acabaría en fracaso. Y una noche de insomnio regresé a aquellas artes exploratorias, sin buenos resultados. Que el gremio masculino me repudie, pero tengo que confesarlo: me aburrí terriblemente. Terminé el acto más por vanidad que por ganas. Al parecer mis apetitos adolescentes se han transformado en todo menos en independencia y no tengo más que ir en busca de una que, después de súplicas varias y algunas presunciones inexistentes, ceda ante su pudor católico, apostólico y romano. Ahora mi independencia silvestre está supeditada a esperar ese no sé qué, con esa no sé quién, no cuando yo quiera, por supuesto, y a cambio de varios dolores de cabeza, fingidos de su parte, verdaderos de la mía.

martes 20 de mayo de 2008

Los cuentos que te cuento

Soy escritor, le dije con tímido orgullo, para impresionarla. Escribo cuentos. Cuentos, qué padre, a mis sobrinitos les encantan. En vano quise explicarle que mi relación con Blanca Nieves era bastante lejana, porque no me dejó hablar. Ay, a mi me encanta leer. Lo último que leí fue a Paulo Coelho. Divino. Seguro que tú has leído todos sus libros, ¿verdad? Ay no, qué preguntas hago, claro que tu has de leer de todo. Y dime, seguro te encantan los niños, por eso escribes para ellos. Ay, has de ser bien tierno. El otro día leí uno de un osito que era una lindura ¿no lo escribiste tú? A mi me encantan los hombres sensibles, y si les gustan los niños son un sueño. Ay, qué cosas digo, qué vas a pensar de mí, si tú has de ser aún mejor con todas esas cosas hermosas qué escribes. ¿Sabes? Me encanta hablar contigo. Eres tan interesante. Además sabes escuchar como nadie. Eres un encanto.
Aclaraciones pertinentes para el amable lector que ha llegado al final de esta monserga:
1. La única fantasía que he tenido con Blanca Nieves ha sido erótica, y no muy buena, hay que decir.
2. En mi único intento de hacer un cuento infantil hubo demasiados muertos.
3. Entre Paulo Coelho e ir al cine a ver Gobernator 25, pregúntenme qué prefiero[1].
4. Claro, escribo cuentos, por tanto, para niños, luego entonces soy tierno. Descartes estaría orgulloso.
5. Sobre el cuento del osito, no sé si se refería a uno sobre un oso polar que, sin lindura alguna, se cenaba a una pareja de enamorados perdidos en la nieve. Si era ese, entonces sí, sí es mío.
6. Yo odio a las mujeres pendejas, y si les gustan los niños soy estéril.
7. Qué voy a pensar de ella. Me lo sigo preguntando.
8. Mira, qué cosas, por fin una que piensa que escribir sobre muertes varias es escribir cosas hermosas. Punto para la dama.
9. Cómo no le va a encantar hablar conmigo si no he dicho más de 2 palabras. ¿Será por eso que soy tan interesante?
10. Claro, ¿quién carajo además de mí va a querer escuchar todo esto?
11. Lo del encanto es mentira, pero ayuda a la egoteca.
12. Sobra decir que el asunto sexual no mejoró las cosas.

[1] NINGUNA DE LAS 2. POR ESO ESCRIBE UNO, NO POR TALENTO SINO POR EXCESO DE HASTÍO.

jueves 15 de mayo de 2008

Protestas del corazón

Como me paso persiguiendo camiones (único ejercicio posible), voy a un bar por una copa y milagrosamente se multiplican, fumo más de lo que como y duermo casi nada, las protestas corporales empiezan a hacerse recurrentes. A tanta insistencia de los que me quieren, pero más de los que no me quieren, me he dado una vuelta, un paseíllo, dirían los toreros (con mucho menos dignidad y aún menos bizarría), por la casa de un cierto señor que me ha mirado cejijunto. Qué le pasa, preguntó solemne. Todo, contesté resuelto. A ver, a ver, vamos a ver. Pues esperemos que veamos. Me midió, por si fuera poco, un centímetro menos que la última vez; graves sospechas sobre la extinción de mi estirpe. Me pesó, 2 kilos más, asunto que la talla ya antes había confirmado. Me manoseó las carnes, me exploró las caries, me hizo repetir un Do de percho que se quebró al instante con una tímida tosecita, me obligó a leer minúsculas letras a una distancia increíble y me sofocó por 5 minutos en una horrenda caminadora. Después de ultrajar mi ser sin pudor alguno, se sentó con cara circunspecta mientras yo me vestía y trataba de controlar la respiración. Bien, bien –dijo-, le voy a recetar unas vitaminas, una rutina de ejercicio y una dieta (no grasas, no picante); además, debe dejar de fumar y de beber. También me dio un remedio natural para conciliar el sueño. Debe realizarse los siguientes análisis y regresar con los resultados la próxima semana.
Salí de ahí con varios cientos de pesos menos en la bolsa y un no sé qué en el corazón. Y no, no me sentía mejor.

domingo 4 de mayo de 2008

Tortura a domicilio


Vivir en una ciudad como ésta, lo acostumbra a superar sus terrores urbanos. Se cruza corriendo de una acera a otra, no vaya a ser que un conductor suicida termine con nuestro prometedor futuro; se aprende a no transitar por lugares oscuros en horas inconvenientes; se come el taco sin preguntar de donde salió la carne; y cosas por el estilo. Pero cuando tocan a la puerta, y una señorita con cara angelical y graciosa se deja ver por detrás de la ventana, que se va uno a imaginar que está a punto de enfrentar al más íntimos de sus terrores.
Abro la puerta y la veo sonriente, con su batita blanca, muy mona, y con su hielera en la mano. Muchas veces antes he estado en una situación semejante, así que sé cómo comportarme. Hola, buenos días, coqueteo un poco, en qué puedo ayudarla. Ya sé que viene a vacunar para alguna cosa de esas horribles; como ni soy niño ni soy perro (al menos del tipo convencional), no me preocupo. Me anuncia que hoy es el último día de la campaña nacional de vacunación contra la rubeola y el sarampión. Cuántos años tiene, me pregunta con amable curiosidad. 29, contesto orgulloso y seguro de no correr ningún peligro. Ah, qué bien, porque la campaña es justo para personas de hasta 29 años. Sudor frío, palidez extrema. En cámara lenta, la veo inclinarse y abrir su tenebrosa hielera que guarda todos los males del planeta. Desenfunda con presteza una jeringa que muestra la descomunal aguja que ha de clavar en alguna parte de mi frágil cuerpecito. Descúbrase el brazo, me ordena siempre sonriente. Obedezco como una máquina y miro hacia otro lado mientras soy presa de fuertes temblores y terrores. De pronto, siento el ardor de ese infame líquido en mi minúscula e indefensa extremidad. Me invade un ligero mareo que se acentúa en los próximos minutos. La inyección ha sido en el brazo izquierdo, por una razón incomprensible, me duele la nalga derecha. Es normal, me explica, lo mismo que si en unos 10 días presenta un poco de fiebre, es parte de la reacción del medicamento. Y cuál es el motivo de la vacuna, pregunto para saber qué carajo pasaría si, en vez de permitir tal atrocidad, hubiera huido cual gacela ecuatoriana. Esto es preventivo, porque, si es atacado por estas enfermedades, corre el riesgo de que sus hijos nazcan con alguna malformación. ¿Y eso no me lo pudo decir antes? Maldita sea. De haber sabido, le hubiera explicado que ese riesgo no sólo era improbable, sino virtualmente imposible, debido a mi inexistente vida sexual y, sobre todas las cosas, mi inmutable conciencia de humanidad y de civismo que me obliga a ni siquiera desear ser el culpable de que otro pobre individuo venga a un mundo tan ingrato como éste. Me da una calcomanía para que me marque como sacrificado y se va con su batita y su tenebrosa hielera en pos de un nuevo incauto.
Ahora que ya no hay “ningún” riesgo de ser padre de unos hijos bizcos, cojos, mancos o tarados, empiezo a buscar una posible madre (de mis hijos, quiero decir), no vaya a ser que un día, mis inmutables principios cedan lugar a mi instinto de buen padre, buen esposo y mejor obrero.

Neuróticos S.A.

Hace días que me siento irritable. Sí, sí, ya sé que todos dirán ¿y cuál es la novedad? Pero ni es lo mismo ni es igual. Que uno se encabrone por el paso de una mosca no significa que esté esperando el momento para que venga la tormenta. Es un proceso de explosión natural. Uno anda normal, normal, hasta de buenas, tan carismático como se es. De pronto algo pasa, se acaba el agua, te cortan la luz, te descuentan no sé qué diablos de la última quincena, te deja el último camión o se te poncha una llanta (la de refacción, para más datos). Entonces es cuando se siente venir algo desde muy adentro que se convierte en un grito o una mentada de madre; en el peor de los casos una batalla campal de dimensiones cósmicas contra el presunto culpable, los mirones y la señora de los cacahuates. Y eso no es andar irritable, sólo es el reconocimiento oficial de esta vida de mierda.
Me refiero a esa otra cosa en la que, sin que haya una llanta ponchada o ausencia de agua justo en el momento en que uno parece muñequito de nieve por estar todo enjabonado en la ducha, se anda alterado sin causas aparentes, casi esperando que pase algo para armarla en grande, dispuesto a agarrar a madrazos al primero que se vea con cara de no poder con nuestra ira. Esto es a lo que llamo sentirse irritable.
Consciente de mi circunstancia, he buscado soluciones. Leí mi horóscopo, fui al médico, me conseguí una novia sexualmente activa y hasta empecé a hacer ejercicio. Nada. Seguía sintiendo que hasta un hecho tan natural como ir al baño era causa de insatisfacción. Y así he seguido hasta el día de hoy, en el que por fin he develado la causa del evento traumático que me mantiene, y me mantendrá, indefinidamente, en este estado crónico de alteración.
Hace 2 semanas, he ido a tomar un café. Hecho muy natural si se comprende que es parte de mis rutinas diarias. Así que llego, me siento cerca de una ventana para poder mirar un poco lo que afuera pasa, me acomodo, pongo lo necesario sobre la mesa (libro, celular, etc.) y llamo al mesero. Un café americano, un vaso de agua y un cenicero, por favor. En un momento le traigo el café y el vaso de agua, me contesta amablemente, el cenicero no es posible debido a la nueva ley antitabaco que impide fumar en lugares cerrados. Putísima, putísima, putisísima madre. Lo miro entonces con esa cara que uno pone cuando le avisan que hay que ir al proctólogo. Pasan largos, eternos segundos antes de que, con voz entrecortada, me atreva a decir: Póngame el café para llevar, por favor.
Perfecto. Ahora, no sólo se seguirán ponchando llantas de refacción y se seguirá acabando el agua justo cuando uno no puede abrir los ojos, tampoco se podrá tomar un café con su inseparable compañero.
Mientras escribo esta nota, en la televisión hay un spot del senado de la república que anuncia que ahora ya no habrá diferencia entre fumadores activos y pasivos. Claro. Ahora los únicos que quedaremos seremos fumadores… ¡neuróticos! Eso sí, que la ley COCOPA o la Reforma Hacendaria se vayan a la chingada. Ahora tengo la plena convicción de que no tiene ningún caso escribir estas líneas porque, legalmente, no habrá uno solo que me fume. Gracias.

viernes 28 de marzo de 2008

Antidemocráticas reflexiones

Tengo antojo, un antojo irremediable de un helado de vainilla. Pero no. Mis opciones se han reducido, a mi pesar, en fresa, limón o chocolate. Que yo quiera vainilla no importa, soy uno, pobre diablo, y en esto de hacer mercadotecnia ser uno es ser nadie —no es negocio hacer, para sólo uno, helados de vainilla—.
Pues bien, que de fresa sea, aunque la fresa empalague.
Tampoco. No hubo vainilla, a fuerza escogí un helado sabor fresa y, sin embargo, resulta que a la hora de dar el primer sorbo, abajo del colorante rojo encendido, se esconde un falso limón, un limón deshidratado que se confunde con lima.
Regreso a quejarme, pero como ya he comido un poco no hay devolución ni réplica que valga; me chingo, pues.
Camino por el largo de la calle, ni alegre ni triste porque, sí, tengo mi helado y me lo como, no es de vainilla, tampoco de fresa y el presunto limón se sospecha apócrifo, mas en el fondo, muy en el fondo, ahí donde a veces una neurona conecta con otra y produce una descarga que en ocasiones contadas se convierte en una idea, algo me dice que tener en mi mano un helado, cuyo sabor no coincide con lo que mi gusto desea, no es, en todo caso, una elección mía, una elección siquiera.

jueves 6 de marzo de 2008

Laberintos telefónicos.

Ah no. No, no y no. Cuando uno se da cuenta que su vida toda está a renta de por vida, no tiene más que conformarse y acostumbrarse, cada mes, a pagar la luz, el teléfono, el gas, el cable, el internet, las tarjetas de crédito (que merecen capítulo aparte) y hasta los calcetines. Con todo el sufrir y llorar que implica el tercer mundo, uno va pagando y debiendo para pagar y deber otra vez por los siglos de los siglos, hasta que un día comienza a sonar el teléfono a todas horas para decirnos que ya nos atrasamos una mensualidad y que, si no pagamos, nos espera el buró de crédito, la cárcel, la ignominia y otros infiernos.
Así, los sudores aumentan y también los gritos de una señora furibunda, que vive en tu casa desde hace algunos años y te roba la mitad de la cama (y del sueldo), preguntándote qué carajo haces con el pinche dinero, que los niños y las colegiaturas y los pañales y el maquillaje y etcétera y etcétera y etcétera. Resignación hijo mío, resignación, no somos nada. Requiem. Ya de por sí andamos rondando el infierno, así que las amenazas parecen pocas. Pero de pronto, entre la docena de recibos, aparece el del teléfono con una cuenta descomunal y una llamada a Vanuatu que ni siquiera tengo idea dónde carajo está. Mi resignación llega a niveles beatíficos, pero esto es el colmo. Me resisto a pagar por una llamada que yo no he hecho. Entonces busco el famosísimo número 800 que debe venir en algún lado.
01 800 245467867542315645646541313. Biiiiiiiiiip. Gracias por llamar a Axtel, servirle es un placer para nosotros, dice una voz de mujer. Buenas tardes, señorita, saluda uno, con la cortesía que le caracteriza. A medio saludo la voz continúa: Marque su nueva clave lada acompañado de su número telefónico. Uno, sin más remedio, obedece. El número que marcó es: 2,2,2… Si el número que marcó es correcto presione 1. Primera duda existencial: Si me hubiera equivocado ¿debería presionar el 2? El saldo de su línea es de… Si desea reportar su pago, presione 1. Si desea realizar su pago con tarjeta de crédito, 2. Si una falla, 3. Atento, con ojos desorbitados de tensión, sigo el interminable menú. He comprendido, 97 números después, que estoy destinados, los próximos 40 minutos, a tener una amena charla con una contestadora. Después de perderme por miles de opciones, que me regresan siempre al principio, logro escuchar: Si desea hablar con un ejecutivo, 9. Por fin, por fin. La sola promesa de un humano, aunque sea ejecutivo, me dibuja una sonrisa y aprieto jadeante y presuroso el 9, no vaya a ser. Gracias por esperar en la línea, en este momento, todos nuestros ejecutivos se encuentran ocupados (me imagino señoritas en bikini corriendo entre risas mientras son perseguidas por gordos comedores de pizza), en un momento le atenderemos. Tic tac, tic tac. Gracias por esperar en la línea, en este momento… tic tac, tic tac. Las señoritas han perdido el bikini, los gordos comedores de pizza caen sobre ellas. 7 minutos después (¿eso habrá durado el coito de los gordos?): Gracias por llamar a Axtel, mi nombre es Manuel Ortega (¿o Miguel Herrera? ¿o Daniel Carrera?), ¿con quién tengo el gusto? Odoriko Galdámez, para servirle. Dígame, señor… Federico, ¿en qué puedo ayudarle? (Perdono la confusión por sufrir del mismo mal) Verá usted, lo que pasa es que tengo en mi recibo una llamada a Vanuatu (me da vergüenza reconocer que no sé si es una ciudad o un nuevo impuesto) que yo no hice. Ok, ¿Me puede proporcionar su número telefónico? Ah, o sea que lo de hace rato era para sacarme una ampolla en el dedo índice nomás. Sí, estoy revisando su factura y, en efecto, tiene usted una llamada a Va-nu-a-tu (perfecto, ahora somos 2 los que no sabemos con qué se come eso) de 23 minutos. Eso ya lo sé, contesto indignado, pero yo no hice esa llamada. Nuestro sistema, explica con voz ejecutiva, es altamente confiable de modo que es improbable que se registre llamadas que usted no haya realizado. Improbable, no imposible, granuja del demonio. Pues ya ve, yo soy de los improbables y solicito una rectificación, digo sarcástico. Desafortunadamente, el sistema nos reporta la realización de esa llamada, ¿tiene niños pequeños en casa? No, ninguno. ¿Suele navegar en sitios web de baja seguridad? (es su ejecutiva manera de indagar sobre mis visitas al mundo de la pornografía) No, sólo lo convencional, contesto resignado y convencido de que no hay nada qué hacer. Con frecuencia, algunos sitios contienen… bla, bla, bla. ¿Lo que usted está tratando de decir es que no hay modo de rectificación? Como le comentaba, cuando nuestro sistema… Sí, sí, eso ya me lo dijo, pero yo no realicé llamada alguna a ese lugar. Le comprendo, señor, pero en este caso, la factura nos muestra que… Ok, ok, ¿puedo hablar con su supervisor? Las políticas de la empresa no permiten… Ah, ¿o sea que tampoco puedo presentar una queja? En este momento estoy levantando el reporte para que revisen alguna posible falla de su línea. ¿Pues no que era improbable? Me da un número de referencia, que no sirve para un carajo. ¿Algo más en que pueda ayudarle? ¿Algo más? ¡Pero si no me ha ayudado en nada, pedazo de idiota! Gracias por llamar a Axtel, en Axtel estamos para servirle.

Preguntas que quedan en el aire: ¿Quién sirve a quién? Si voy a terminar pagando, ¿quién es el idiota? ¿Dónde diablos está Vanuatu? Antes de enfrentarme a la nueva lucha contra la tarjeta de crédito, voy a la enciclopedia. Así me entero que es una isla en Oceanía y que la clase de geografía me ha salido en varios cientos de pesos. Entonces toma sentido la sentencia de aquel maestro bizco que me decía: Godínez (Galdámez, coño, Galdámez), con esa actitud no va a llegar a ningún lado. Y sí, con esa actitud no voy a llegar a ningún lado y conformarme y acostumbrarme, cada mes, a pagar la luz, el teléfono, el gas, el cable, el internet, las tarjetas de crédito (que merecen capítulo aparte) y hasta los calcetines.

sábado 1 de marzo de 2008

Curriculum Vitae

Uno se pone a juntar papeles. Llega un punto en donde un solo fólder no basta. La cartilla de vacunación, el acta de nacimiento, la cartilla militar, la credencial de elector, el registro federal de contribuyentes, las 5 ó 6 pruebas del sida y el título universitario son algunos.
Y entre tanto, uno se pregunta si alguno solo de entre todos ellos dice algo sobre lo que yo soy. Ahora también tengo mi permiso para andar por el mundo más allá de Chiapas, 2 tarjetas de crédito en la cartera y una cuenta bancaria con fondos discutibles. Una de las dos frases que más oigo cada día es: "gracias por su compra", y lo que más escribo es un garabato que dice mi nombre entre rayones. Soy, pues, un ciudadano. Hasta me visto a la moda, a la moda treintañera quiero decir. Mis únicos resquicios de protesta son el pelo y las uñas que me corto cada que me acuerdo y los zapatos sin bolear. Estoy en mi curso intensivo de cosas que no debo de decir; tristemente, empiezo a obtener notas aprobatorias y el otro día me compré un kit de prudencia por 24.90, a crédito, por supuesto. De todas maneras, viajaré en clase turista, aunque el cognac sea muy seductor para mí, que no para mi bolsillo. Wait a minute, please, el celular está sonando.
... Estoy de vuelta. La otra frase es: "¿encontró todo lo que buscaba?" A esto nunca sé, bien a bien, qué contestar. Tal vez los únicos papeles que me falten en mi fólder de ciudadanía sean el acta de matrimonio, el acta de divorcio y el acta de defunción. Acaso, en éste último, en la sección de observaciones, diga algo al respecto.

miércoles 6 de febrero de 2008

Manteles largos



Hace muchos años, me pregunto yo ¡Qué tiene mi cara que invita a la confidencia! En casi 30 años de penas y zozobras, he oído tantas confesiones insulsas como un párroco de iglesia pobre. Las hay de todos los tipos. Mis ataques antimatrimoniales se los debo a las centenas de divorcios, ropa sucia en el piso y platos sin lavar que me han contado. Por consiguiente, mi vida sexual se ha ido a la mierda también. Entre tanto, he aprendido a fumarme una cajetilla completa en una sesión de café, a mirar a mi interlocutor atentamente mientras pienso en mi incapacidad para comprender la teoría de la relatividad, a traducir mentalmente al francés o al italiano letreros como "gracias por su propina" o "café y pastel por 45.80" o a tratar de entender la importancia de los números primos en la teoría cuántica. De vez en cuando hago una pausa para notar en qué parte de la conversación estamos; después de confirmar que seguimos sin novedad, regreso a pensar en las piernas de la chica de la tercera mesa a la izquierda. A fuerza de insistir, mi pregunta original se ha desvanecido en un dulce tormento cotidiano y ya no es una queja, sino un modus vivendi que me ocupa el tiempo de 5 a 8. Pero cuando uno cree que ya ha pasado lo peor, que las historia familiares van a quedar sólo en un mal relato lleno de muletillas como "haz de cuenta" y "obvio que yo no la pelé", uno se descubre instalado a la mitad de su maravillosa condición de clase media.
No se preocupen, su cara no tiene nada que invite a la confidencia. No pierdan el tiempo en preguntárselo, lo que viene a continuación es una suerte de venganza.
La culpa es de uno que, en vez de saciar la mala costumbre del hambre diaria con las sobras del refrigerador o la última sopa instantánea, cae en la tentación de comer en compañía.
De pronto, me encuentro rodeado de 3 ó 4 parejas, felizmente casadas, que se miran con meloso pudor y ríen de bromitas caseras masculladas, mientras la servilleta de tela les cubre la sonrisa. Viene primero la sopa. Alabanza a la sopa. Luego el espagueti. Loas al espagueti. Como tercer elemento comestible un plato enorme con un pequeño trozo de carne en el centro, en salsa de algo blanco, y una guarnición de algún vegetal que mi reducido vocabulario culinario define siempre como lechuga. Vivas, confetis y serpentinas a la carne, a la salsa y a la falsa lechuga. Intercambio de recetas. Así es como han llegado a mi diccionario personal palabras como exquisito o delicioso que he incluido en otros relatos pudendos. Para cuando el postre arriba, ya es todo una orgía (la única que habrá) de alabanzas culinarias. Mi falta de experiencia en estos menesteres me vuelve un poco tímido. Así que yo sólo como y callo. A cada nueva alabanza hago comparativos mentales. Una de dos: o ninguno de ellos había comido sopa en su vida o mienten arteramente. Yo, en lugar de una sopa exquisita, me he comido una sopa simple y llana, de coditos o fideos, pero igual a muchas otras, sin pena ni gloria, pues. El espagueti un poquito insípido, le faltaba algo que no sabré nunca lo que es. Por lo del trocito de carne con salsa de algo, no puedo decir mucho: en mi vida había comido tal cosa, así que no tengo opinión a causa de ignorancia. La falsa lechuga, bien. El dulce me caga al tercer bocado, de modo que yo podría omitir el postre. Si la ocasión lo amerita, y no hay queja fumatoria, se bebe café y se fuma. Al fin llegamos a un escenario que conozco. Se intercambiarán consejos matrimoniales y de cuidado infantil, se evitarán temas de la vida cotidiana como gases intestinales o las costumbres sexuales mutuas que podrían despertarme algún tipo de interés. Por fortuna, en esas ocasiones no se pide mi opinión, por desconocimiento del tema, así que puedo concentrarme en la traducción al francés o al italiano de frases como "oración para ser buenos esposos" o "dieta de la luna en 28 días". Antes de lograr la traducción, porque no tengo idea cómo se dice dieta en francés o en italiano y supongo que es algo como dieté o dietiina, me doy cuenta que el menú de hoy ha sido producto de comer con seis u ocho amigos gordos, o en camino de serlo, y he pagado el costo de eso quedándome con hambre. Entonces me invento cualquier pretexto para huir deprisa y venir a comerme las sobras del refrigerador o la última sopa instantánea acompañada de una cerveza oscura que me quite un poco el mal sabor de boca.